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miércoles, 18 de febrero de 2026

Una hora quimérica y un río enfadado.




En Burgos, pasado el Arco de Santa Maria.

El reloj de Ignacio Palacios, allá arriba, por la Merced, señala una hora quimérica, hace muchos, muchos años. Date prisa le decía a la chavalilla de falda gris o pantalón de pana, llegas tarde. Era cuando el río bajaba, sin bosque de ribera, ni patos azulones, hacia el "insti".

Ahora ve a tu paso, a ver cuántos pasos marca ese artilugio, tan raro, que llevas en la muñeca. Qué mujer tan extraña y qué iguales esos críos de la mochila enorme y la ropa negra, con su flequillo en punta, tan desafiante, literal. 

El Arlanzón sigue su camino, muy enfadado en este febrero, más que loco, de agua y viento. Mira que brío y cuánta espuma, como anega los arbolillos, junto al azud del puente Bessón. 


Sigue adelante, que ya no hay clase, ni la das ni te la dan, hacia el paseo de cada día, con árboles en cinta. Ayer se podía pasear, hoy no sé qué viento soplará.

Por el móvil, una amiga me dice que qué nos pasa, que chocamos y explotamos unos con otros, por tonterías a veces, en tonta espuma, bipolarizados o multipolarizados, a saber.

 Y el mundo, con un loco a cada lado y nosotros aquí, que si son galgos o si son podencos, nos cazarán, me temo, como en el cuento que me contaba mi padre. 

Por la tarde tomo un café, en lo que era antes el Pinedo del Espolón, ahora restaurado, con mi hermano y mi sobrina. Busco la máquina del "Tetris", ahora han puesto un cuadro de Ignacio del Río, estallante de color. Busco monedas de veinticinco pesetas, solo tengo euros, para mi niña Paola. ¿ Qué cosas dices, tita?

El niño del estanque  sigue con su oca y su agua eterna, mira hacia la puesta de sol. En el Espolón ya no juegan los niños. 

Ya veis, un día de febrero de 2026. 

María Ángeles Merino Moya

https://dle.rae.es/azud

https://www.poesi.as/ti002.htm

lunes, 16 de febrero de 2026

Viento y palabras airadas.

 




El sábado el viento rugía y tiraba remitas, ramas y algún árbol de cuajo, al aire sus raíces. Los bomberos alertaban a los paseantes, "no ve señora", y los policías encintaron entradas y salidas. Los mayorcitos obedecíamos, las parejas jóvenes con niño, como si no fuera con ellos. Los boomers aprendimos a obedecer, literal. 

El viento barría las nubes, qué cielo más azul, limpiaría el aire. 

Las palabras airadas no, no se borran nunca del todo, dejan su poso, no se van, hacen daño. 

El agua habrá anegado los almendros en flor.

La tierra no admite tanta agua. los ríos se hinchan y se desbordan, ya no vuelven a su cauce, como algunas palabras, como alguna amistad vieja. 

Nunca nos bañamos dos veces en el mismo río o todo permanece en el río, cosas de griegos antiguos, antes de Cristo, con tiempo para pensar.

Agua, aire, palabras airadas, febrero loco.

Ya veis, ataques de sinceridad, nunca más. 

María Ángeles Merino Moya