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viernes, 24 de octubre de 2025

Las croquetas de Galdós.

 

Croquetas

Viene de La arañita campeña, mi otro blog, el que suelo dedicar a cosas de libros, pero este de las croquetas también encaja aquí, como ráfagas de vida.

El comienzo de Montes de Oca, octava novela de la tercera serie de los Episodios Nacionales, tal vez pilló con hambre a don Benito Pérez Galdós y nos conduce, sin mas, a una fonda madrileña decimonónica; pero no una cualquiera sino a la llamada "Fonda Española", de "éxito tan rápido como lisonjero", "por el módico estipendio de doce reales", al alcance de "empleados y militares de mezquino sueldo, de calaveras sin peculio, o de familias que empezaban a gustar la vanidad de comer fuera de casa en días señalados o conmemorativos". 

Estamos en 1840 y pasamos del abrazo de Vergara, militar y traumático, a uno culinario. No nos extraña, sabemos que Galdós era de "buen diente". Comienza destacando algunas reformas, "no baladíes" de los cocineros italianos Perote y Lopresti que regentaban la citada fonda: "el sustituir la lista verbal, recitada por el mozo, con la lista escrita, "la introducción del precio fijo y la regla económica de servir buen número de platos por el módico estipendio de doce reales".

¿Innovadores? No, sino divulgadores de "aquel arte precioso en la vida de los pueblos". Seguimos leyendo y se nos abre el apetito:


¡Las croquetas! Sabemos que entraron en España en la Guerra de la Independencia, con los franceses. Para don Benito, no son "asunto baladí", seguro que le gustaban. Y aquí estoy yo friendo mis croquetas, un gran invento francés, sin duda, crujiente por fuera y blandito por dentro. 

Merece la pena leer y paladear este primer capítulo de Montes de Oca. También, aunque el tema sea militar y no gastronómico. el resto de la novela, dedicada a unos hechos ocurridos en Madrid, Vitoria, Pamplona y otros puntos de la geografía española, entre 1840 y 1841.

¡Ay que se me queman!  No, las croquetas, tengan el relleno que tengan, yo prefiero las de jamón, no son cosa "baladí". 

Ya veis, las croquetas, algo bueno vino con Napoleón. Galdos nos muestra que pueden andar entre la Literatura y entre la Historia.

lunes, 9 de diciembre de 2024

Cenicientas y Marcelas

 



Frente al Arco de Santa María, al comienzo del puente, ha brotado un adorno navideño en forma de carroza de Cenicienta y allá van a subirse y hacerse la foto, más las niñas que los niños, más las mujeres que los hombres; aunque sepan bien que el sueño de ir al baile a encontrar el príncipe azul, o la princesa azul, es una fantasía solo de cuento. 


Es literatura y existen muchas versiones, algunas antiquísimas. Se pierden en la noche de los tiempos, como se suele decir en frase hecha.

Y leyendo, estoy con Benito Pérez Galdós, en el Episodio Nacional  25 "La campaña del Maestrazgo", entre la barbarie de la primera guerra carlista, conozco a "la monja Marcela", un personaje galdosiano que bebe de otro cervantino que lleva el mismo nombre, una  "anticenicienta". 


Voy al capítulo 1, 14 del Quijote a recordar a aquella libérrima pastora Marcela que proclama:

 "Yo nací libre, y para poder vivir libre escogí la soledad de los campos: los árboles destas montañas son mi compañía; las claras aguas destos arroyos, mis espejos; con los árboles y con las aguas comunico mis pensamientos y hermosura. Fuego soy apartado y espada puesta lejos...".

Marcelas en la soledad y Cenicientas que van al baile, nacieron libres. 

Como muy cerca está la escultura de la castañera, me viene a la cabeza que "nadie os va a sacar las castañas del fuego". Ya lo saben los niños y niñas, son cosas de los cuentos que cuentan mentiras para contar verdades.


Ya ve, Sor Austringiliana, "yo nací libre".

María Ángeles Merino

https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap14/cap14_02.htm

domingo, 15 de octubre de 2023

Paseo de otoño. Y la que está cayendo...



Escribo un comentario a la última entrada de Pedro Ojeda en La Acequia: Es tarde ya para el otoño.  

"Cerca del monumento a Cervantes, nos saludan el árbol del amor y el de Júpiter, el amor y la guerra. Son contrarios en la floración: primaveral u otoñal. Este año ha sido muy exuberante, ha durado mucho, empezó ya en agosto a lucir sus bellas flores. Nos está acompañando en un otoño desconcertante. En el Paseo de la Isla, en Burgos, ya caen las castañas de los de Indias. La que está cayendo...".

Sí, ya sé que el dios romano de la guerra era Marte, pero Júpiter tonante, con sus rayos, siempre me pareció belicoso. 

Y piso otoño y leo las primeras páginas de Galdós. Una biografía. de Yolanda Arencibia, que acaban de prestarme en la biblioteca pública. Desde el año del centenario, la tenía apuntada para leerla, ésta o la de Germán Gullón, o las dos. La disfruto desde el principio, completa e ilumina mi lectura del autor de los Episodios Nacionales. 

 A mi lado ha caído el "erizo" de una castaña, no pasa nada. ¿Quién piensa en literatura y en castañas caídas del cielo con la que está cayendo en el mundo?

La guerra. Se pregunta Pedro Ojeda: ¿Habrá árboles de Júpiter florecidos en Ucrania, en Israel, en Gaza o la ceniza habrá cubierto todo el paisaje?

Ya ve, Sor Austringiliana, el árbol de Júpiter, el otoño, Galdós, la guerra de antes, la guerra de ahora más destructiva y mira que aquella de antaño ya lo era.

El You Tube me trae la Sinfonía 41 "Júpiter", de Mozart. Unas notas triunfales y optimistas...

María Ángeles Merino


viernes, 4 de agosto de 2023

Andante con libro



 Creo que soy la única lectora andante de los paseos arbolados de Burgos. Andante con libro, que con móvil es lo más habitual y nadie se extraña.

Como un cura con su breviario, ahora ni los curas. Recuerdo a un niño, en la Isla, que informó a su padre: mira esa señora, va leyendo; como si la señora estuviera cometiendo alguna infracción, tal era el tono. Por un segundo me sentí pillada en falta.

Mi compañera de paseos presencial me falló,  Sor Austringiliana y ahora una buena amiga de hace muchos años me acompaña con el móvil, el gran compañero de nuestro tiempo. Hablamos de la familia, de lecturas, de cualquier tema que nos surja, somos muy parlanchinas. 

Y cuando no hay compañía, voy de andante con libro. Suele ser uno de los que abultan poco, los tochos para casa. Y de vez en cuando, apetece sentarse. .

Ya ve, Sor Austringiliana, mi amigo Benito Pérez Galdós, los episodios en Alianza...La historia y la literatura de la mano. Y voy por el 18, me quedan unos cuantos. De Trafalgar a Cánovas van...

María Ángeles Merino




martes, 1 de agosto de 2023

Chincha rabiña que tengo una piña con muchos piñones...





Ayer, paseando por la Quinta, un banco de los muy viejos y una piedra encima. Junto a la piedra, cáscaras de piñones. Y me vino a la cabeza eso que decíamos de niños :"chincha rabiña que tengo una piña con muchos piñones y tú no los comes".

En el móvil, noticias que si Sánchez que si Feijoo, que si Vox. Y, en el libro, un Episodio Nacional de Galdós, Un voluntario realista: que si los liberales, que si los absolutistas, que si los "agraviados" a los que el absolutismo les parecía poco y ...más  guerra.
 
1827 y 2023 en un banco juntos, y chincha rabia de siglos.

Ya ve, Sor Austringiliana, queda todavía mucha tela que cortar.  Paciencia y barajar, un refrán que está en el Quijote.

María Ángeles Merino

jueves, 8 de septiembre de 2022

De bayas coloradas y esperanza. Y un poco de Galdós.

 




Ayer, en mi paseo, me salieron al paso las bayas de los escaramujos y las vizcodas, tan rojas con tan poquita agua como ha habido, la esperanza que no nos abandone. Uy, ¿y ese señor antiguo quién es?

Mire, Sor Austringiliana, como paseo por las orillas del río, a buscar bayas coloradas, con una amiga que me enseña la palabra "vizcoda" (espino albar) y un libro que habla de señores antiguos. Bueno, para su caridad, un masón de principios del XIX no es antiguo. Era 1821, también un momento en que hacía mucha falta la esperanza, cuando se había pronunciado un tal Riego, la revolución no cuajaba y el absolutismo se defendía con uñas y dientes. 


martes, 5 de octubre de 2021

Empecinada



Ayer, lluvia y los niños en la escuela. Sentarse a leer un poco no es fácil, pero yo empecinada.

Empecinada también  en leer los Episodios Nacionales de Galdós, iba por el noveno aquel día: Juan Martín el Empecinado. 

Galdós se empecinó y llegó a escribir cuarenta y seis. De Trafalgar a la Restauración, pasando por la Guerra de la Independencia. 


¿Y el mío? ¿Seguirá mi empecinamiento? No sé si descansar ahora, en el décimo, cuando Gabriel de Araceli me abandone. ¿Conseguirá por fin a su Inés? Siempre se le escapa, él empecinado...

Mire, Sor Austringiliana, lo que da de sí un empecinamiento.

Empecinarse según la RAE: Obstinarseaferrarseencapricharse.

María Ángeles Merino