Monasterio benedictino de San Salvador (Palacios de Benaver).
El tiempo en sí mismo es lo único que nunca envejece, tal vez porque no regresa donde ya ha estado y carece totalmente de memoria.
Al ser expulsados del Edén dios dio al hombre la nostalgia y les recordó que fuera de este mágico lugar son los dominios de un inmisericorde señor llamado tiempo.
Según avanza el engañoso tiempo, la vida baila al son que toca, que a veces gusta y otras no.
Sentimos que algunas amistades que parecían sólidas, fuertes como azucarillos de los de antes se van deshaciendo en esas aguas de lluvia que nunca dejan de caer.
Y poco a poco, vemos como se van llenando de agua por un fenómeno que llamamos capilaridad y se van desdibujando sus cúbicas aristas y se van haciendo nada.
Pero, como dice la cuantica, el vacio no existe, queda el dulzor, aunque parezca a la vista no ser nada.
Pues desde ese hermoso dulzor siempre debemos alzar nuestra copa
Y para parafrasear a nuestra castiza tradición "Agua, azucarillos y aguardiente", lo haremos con una copa de aguardiente, dejando un poco al lado al navideño Cava, pues es un brindis sin caducidad, ni en el calendario, ni en el tiempo.
Brindar y sentir el calor en la garganta y un especial brillo en la mirada.
Gracias y mis mejores deseos y un muy Feliz Año Nuevo.
"Corazón en volandas", "Ángeles de la guarda" y "Gracias por una vida extra", publica hoy "Diario de Burgos". Agustín Merino y John Lonnie salvaron a un infartado.
Eder Ortiz sufrió un infarto el 18 de junio, a las puertas de las piscinas de San Amaro.
Junto con su compañero John, estaba en pleno reparto de helados, con el camión. Al bajar, "sufrió un fundido en negro", se desmayó. John salió corriendo hacia las piscinas porque sabía que alguien allí le podría ayudar. Fue la mejor decisión porque el personal del complejo salió a toda prisa, equipado con un desfibrilador.
Agustín Merino, mi hermano, vio el revuelo cuando se disponía a nadar. Enfermero de profesión y a punto de jubilarse, no dudó en sumarse a las labores de reanimación. Al verlo se dio cuenta de que ya había sido intervenido quirúrgicamente, lo que complicaba las cosas, y dio una serie de instrucciones para hacerlo bien. El aparato le dio la pista en la primera descarga de que había recuperación. Luego llegaron los equipos de emergencia y ya comenzaron con la RCP avanzada.
Eder tiene muy claro que sin la ayuda del enfermero Agustín habría sido imposible salir adelante. Pero él se resta importancia y apunta al desfibrilador, opina que es importantísimo que tomemos conciencia de que salvan vidas y todos los edificios deberían estar equipados.
Eder salvó la vida, bienvenido y un abrazo.
Ese mismo día daba mi paseo por la Isla y llamé por teléfono a mi hermano para tomar algo fresco, en la cafetería de las piscinas. Me dijo que estaba descansando, que había estado haciendo una RCP, algo que deja agotado. ¿Pero no estabas jubilado, Agustin?
Un abrazo a los "ángeles". Que no nos falten "ángeles". Y con desfibrilador, mejor.
Dice la leyenda que en la noche de San Juan nace un gigante tan alto que puede alcanzar la luna.
Un gigante poderoso con efímera vida que cada año pretende acabar con la mágica noche.
Y es la luna del cielo quien libra la batalla con su séquito de sabias estrellas.
Y los restos del gigante son las hogueras del solsticio.
Si un año ganara este gigante y pudiera atrapar la luna y quitarle su mano plata y espumas.
Extenderia su oscuro manto en el cielo y ya no habría noche y sin noche desaparecerían los sueños.
Está noche sale el gigante y la reina a su encuentro.
El gigante armado de su descomunal fuerza y un cincel de puro fuego, la luna armada de su magia conjurando desde los más lejanos astros hasta el tardío lucero del alba.
Buscará el gigante una altísima montaña e intentará apresar la luna mientras a golpes de fuego va reduciendo la noche.
La luna en su estelar marmita prepara su conjuro y se puede ver lo que se ha derramado de su pocima por el blanco del cielo que llamamos vía láctea.
Y cada hoguera festeja la victoria de la noche más corta mordida por el gigante.
Otros dicen que es la ignea sangre del gigante que arde para bendecir el triunfo de los cielos.
Poco a poco las noches mágicas se recuperan, el mar se eleva en mareas y las estrellas inician su diaria y nocturna sonrisa.
Y en un año volverá el gigante y retornará la sin igual pelea.
La bruja de Cernégula nos invita a escribir nuestro deseo.
Muchos dirán que no existen, ni han existido nunca, las brujas de Cernégula. Leyendas, habladurías, pero tal vez lo lógico y evidente solo es nuestra propia sensata miopía.
Y recordé una historia que alguien me contó, cuando en una carretera secundaria recogí para acercar a la capital a alguien que hacia auto stop y, ante mi sorna por el nombre del lugar donde encontre al ahora viandante, pues su coche yacía averiado, muy serio me contó:
"En una época oscura, donde magos, brujas alquimistas y nigromantes estaban en guerra, se buscaban filtros poderosos para tomar ventaja.
Los alquimistas destilaban blanca luz de luna blanca.
Las brujas y nigromantes tomaban la más negra noche, confeccionando pergaminos de oscuridad perfecta donde escribir sus conjuros.
Y se dice, se cuenta, que las brujas, antes de sus aquelarres de luna llena, enviaban a tres de las más poderosas, siempre en la creciente luna.
Dicho triunvirato juntaba sus negros pergaminos y escribía en un abracadabrante lengua el poderosísimo hechizo de ocultación.
Y así al llegar el resto de compañeras e iniciar sus rituales no ser descubiertas, pues tal hechizo convertía la más plateada luz en la oscuridad más profunda.
Han pasado cientos de años, eones, y sabemos de ciertos lugares donde rumores casi susurros nos hablan de reuniones de brujas y nigromantes.
Pero apenas encontramos vestigios o pistas, han pasado siglos, pero tal vez y solo tal vez el hechizo de ocultación aún está ahí.
Y si aún creemos que son leyendas, alguien con una sonrisa irónica nos dira "si son cuentos y patrañas".
Mientras, la luna dulcemente en algunas lagunas se baña y su tenue luz muestra la misma pícara mueca.