domingo, 20 de septiembre de 2026

"El otoño llega para salvarnos con los delicados matices de su luz de moscatel..."

 "Otoño al rescate" (Manuel Vicent, 20 de septiembre de 2026)

En su columna del domingo, Manuel Vicent toma su atinada paleta de palabras y nos anuncia la llegada del "Otoño al rescate". 

"...El otoño llega para salvarnos con los delicados matices de su luz de moscatel; los amarillos, rojos, morados, violetas que llenan el paisaje son los mismos que se pisaron en la paleta de Klimt, de Van Gogh, de Monet, de Renoir cuyos colores se instalan como uno de sus cuadros en la ventana. Y sin darte cuenta ya es de noche y oyes la lluvia fina, persistente en los cristales, que dará paso a una mañanita de niebla dorada por un sol muy amable. Bandadas de garzas cruzan el cielo hacia el sur y en los valles suena la berrea de los ciervos."

¡Yo quiero un otoño así, Manuel Vicent! "Después de los violentos aguaceros" de este verano que se va. ¡Qué venga a nuestro rescate!

Huele a otoño, mamá. Pronto, la "luz de moscatel" en nuestra ventana y en el campo. 

María Ángeles Merino Moya






sábado, 12 de septiembre de 2026

Una pegatina y una octavilla.

 


Ayer, en el paso de cebra, en la Avenida del Cid, vi una pegatina bien pegada en el asfalto. Retrocedí para leer su contenido y rápidamente tiré la foto, inevitables las piernas de dos peatones. 

Me vino a la cabeza un día, en los setenta, anterior a la "Transicion", muy cerca de allí, en la Plaza de España que entonces se llamaba de otra manera, creo. Algo de la "Cruzada"...

 Alguien había arrojado octavillas desde un coche y no me atrevía a cogerlas, ni yo ni nadie;  echábamos un vistazo al suelo con el cuello torcido y  leíamos el contenido supuestamente subversivo. Se quedaban pegadas en el asfalto, con la lluvia, el barro y las ruedas de los coches. 

Ahora me doy cuenta, no sé si los nacidos en este siglo saben lo que era, y es, una octavilla y lo que fue la "Transicion" y por qué se quería transitar. 

 Abuelita Cebolleta, María Ángeles...

¿Que tendrá que ver eso que cuentas con la pegatina de ayer? El papel nos aconsejaba:"Deja el puto móvil". 

Y aquí estoy con el móvil y publico la foto.

Como dice el refran: "Consejos vendo, para mí no tengo".

"Deja el puto móvil". Octavilla, la octava parte. Nunca volvamos atrás. 

Nadie lo leía. 

Y el corrector me cambia puto por punto.

María Ángeles Merino Moya

jueves, 10 de septiembre de 2026

Ya el sol, Platero, empieza a sentir pereza de salir de sus sábanas...


Imagino que estoy en el colegio, soy alumna de la señorita Felicidad, tengo diez años y me gustan los dictados. Escribo, palabra a palabra, "El otoño" de Juan Ramón Jiménez que le dice a Platero:

"Ya el sol, Platero, empieza a sentir pereza de salir de sus sábanas y los labradores madrugan más que él. Es verdad que está desnudo y que hace fresco.

¡Cómo sopla el norte! Mira, por el suelo, las ramitas caídas; es el viento tan agudo, tan derecho, que están todas paralelas, apuntadas al sur.

El arado va, cono una tosca arma de guerra, a la labor alegre de la paz, Platero; y en la ancha senda húmeda, los árboles amarillos, seguros de verdecer, alumbran, a un lado y otro, vivamente, como suaves hogueras de oro claro, nuestro rápido caminar. "

(Platero y yo, Juan Ramón Jiménez)

El otoño se anuncia en mi paseo, en el pueblo y en la ciudad. Más que el sol soy yo la que siente pereza de salir de mis sábanas y los labradores de Palacios de Benaver ya recogieron y empacaron, el campo quedó con unos pocos pelillos ralos, otro color, otra luz. 

Solo los girasoles montan guardia, secos y cabeza abajo. No se ve un alma, la cosechadora guardada, no madrugan, descansan en espera de octubre , cuando toque levantar la tierra. ¡Arriba terrones!


Hace fresco, sopla el viento, un vuelo de hojas secas, a la espera de los "árboles amarillos" y las "suaves hogueras de oro claro". Lento caminar hacia el otoño. 

 Se estrella la primera castaña, florece en fucsia el árbol de Júpiter, las bayas del acebo van del amarillo al rojo. 



10 de septiembre. Mamá, los niños vuelven al colegio, me gustaría volver a mí también. Sentarme en un pupitre y leer Platero y yo: "El otoño". La señorita Felicidad lleva moño y bata muy blanca, le gusta leer. Empieza tú, María Ángeles: 

"Ya el sol, Platero..."

María Ángeles Merino Moya


Juan Ramon Jiménez, Platero y yo. Elegía andaluza. (1907-1916). Editorial Losada, Buenos Aires, 1939. Con ilustraciones de Atilio Rossi. Lecturas selectas escolares. 24 edición, 1965.

https://aranitacampena.blogspot.com/2011/10/aun-no-se-habia-atrevido-la-pesada-reja.html?m=1

sábado, 5 de septiembre de 2026

Redescubrí el mar.







"El mar es muy grande y tiene mucha agua" 

Aquí estoy, en la otra punta, en la playa de Cancelada, en Estepona (Málaga). 


A lo lejos, a un lado, puedo ver Algeciras y el peñón de Gibraltar, enfrente asoma brumosa la costa de África. ¡Ay ese salto mortal que busca la vida y encuentra la muerte y el odio!



La de "el mar es muy grande y tiene mucha agua" la convertí hace tiempo en frase mía, remedando, con cariño y el mayor de los respetos, a aquellos niños que contaron cómo sería el mar que nunca habían visto, los alumnos del maestro Benaiges que prometió el mar. 



Es un recuerdo al escritor amigo José Antonio Abella que lo investigó, documentó, narró y nos emocionó, en su inolvidable libro "Aquel mar que nunca vimos". Sí, hay película, pero si habéis leído el libro sabe a poco.




Porque no ha habido mar en muchos años, en mi vida y yo manifestaba así mi nostalgia: "El mar es muy grande y tiene mucha agua". A mi sobrina no le hacía gracia oírmelo. 



El mar no defrauda nunca. Pueden hacerlo la arena y las piedras, nunca el agua y, menos aún, en nupcias con el cielo y las nubes. Mi hermano, mi sobrina y yo asistimos a un impresionante despliegue de azules, blancos y amarillos. ¡Qué fotaza la de Agustín!



Allá fui a redescubrir el mar. Las olas que vienen y van, la mirada absorta de una mujer de tierra adentro, sinfonía de azules para una meseteña de amarillos y pardos.  Las "ondas", como la cantiga que me pusieron en el lejanísimo examen de Reválida y yo nunca olvidé, qué susto, quién podía ser ese tal Martín Codax:



Mi amigo lleva tardando toda la vida sin mi. Debe haberse perdido en algún naufragio o lo retiene alguna Calipso. 

Mi hermano Agustín señala, la foto va con aumento, sí, es África. Una chica se hace "selfies" bailando cara al mar. Un hombre pasea a un perro salchicha y a un galgo. Pasa un pescador de caña, la Costa del Sol luce su montaña y me sale una rima facilona. El agua está fría, un bañista se atreve y no es ningún niño. 


Nos descalzamos y sacudimos la arena de las sandalias. Luego te paso las fotos, tita, dice Paola. 

Comparto una foto, la mejor, en el Facebook y escribo mi cantinela: "El mar es muy grande y tiene mucha agua". 

¿Qué mejor descripcion que la de un niño que nunca lo vio? 

Adiós, mar. Hasta el próximo redescubrimiento. Si, mamá, hemos estado con Alex, Aitana, Ale y Olivia, muy bien y muy guapos.


María Ángeles Merino

sábado, 29 de agosto de 2026

El mar es muy grande y tiene mucha agua.


 El mar es muy grande y tiene mucha agua.

María Ángeles Merino

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martes, 25 de agosto de 2026

Nostalgia

 

Monasterio benedictino de San Salvador (Palacios de Benaver).

El tiempo en sí mismo es lo único que nunca envejece, tal vez porque no regresa donde ya ha estado y carece totalmente de memoria.

Al ser expulsados del Edén dios dio al hombre la nostalgia y les recordó que fuera de este mágico lugar son los dominios de un inmisericorde señor llamado tiempo.

(Texto y foto de Agustín Merino)


jueves, 20 de agosto de 2026

La tarde rompe en lluvia, para bien.


Agua en agosto, miel y mosto.

 La tarde de ayer rompe en lluvia, para bien. Cambia el color, huele a tierra mojada, petricor dicen, y me llegan gotitas pulverizadas, con la ventana medio abierta, al lugar donde ahora me siento, se está tan a gusto, mamá. 

Cierro el libro, me asomo, como siempre, a ver las hojas del tilo y la gente correr, la luz roja del semáforo juega con el brillo del asfalto, los números cantan su cuenta atrás, los pájaros lo imitan, quién será ese intruso tan mal cantor.

Las azules campanillas de mi balcón, que no es balcón, se esponjan un poquito, el agua de la lluvia les sabrá distinta, o no.

Los poetas cantaron a la lluvia, muchas veces su estado de ánimo. Me pongo a pensar y me sale la más lánguida, la de Verlaine: 

 Il pleure dans mon cœur

Comme il pleut sur la ville ;

Quelle est cette langueur

Qui pénètre mon cœur ?

Sigo pensando en poemas con lluvia. Ay, ese no, Gustavo Adolfo Becquer:

Allí cae la lluvia

con un son eterno;

allí la combate

el soplo del cierzo.

Del húmedo muro

tendida en el hueco,

¡acaso de frío

se hielan sus huesos...!

No, frío no, solo lluvia que alivia, mamá, vives dentro de mí. 

Llueve. Decía que "Agua en agosto, miel y mosto".

María Ángeles Merino Moya

https://lesvoixdelapoesie.ca/lire/poemes/il-pleure-dans-mon-coeur

https://www.poemas-del-alma.com/rima-lxxiii.htm