Tal vez pudieran ser los corazones de pelea de las dos Españas.
Que no saben por qué pelean, solamente fueron para ello criados.
Y nunca se pararon a ver que son iguales.
Agustín Merino, texto y pintura.
Otro rinconcito para María Ángeles Merino, en diálogo con su Sor Austringiliana.
Tal vez pudieran ser los corazones de pelea de las dos Españas.
Que no saben por qué pelean, solamente fueron para ello criados.
Y nunca se pararon a ver que son iguales.
Agustín Merino, texto y pintura.
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Veinticuatro de octubre, un día en mi refugio de Palacios de Benaver (Burgos), de la escarcha de la mañana a la luna llena llena. Por obras, he cambiado el paseo de la Isla y la Quinta por la orilla de la carretera.
Silencio, algún tractor, ciclistas, pocos coches y a ver si veo a mis amigos los corzos que no se fían de los de dos patas, son listos.
Suena la campana del monasterio que pronto ya no sonará y salen, o entran, de la iglesia los huéspedes de las monjas. El de negro será el cura, muy amable.
A las nueve y veinte llega el panadero, compro el pan, a casa a su bolsa. Echo a andar y saludo a todo el que se cruza conmigo. Pego un poco la hebra con alguna mujer, hablamos más...
El campo se prepara para un nuevo ciclo y las hojas amarillean. El águila planea sobre el cerro, vuela rápido pajarillo que te coge, se pone en acción la algarabía pajarera, después se instalan en los cables, como las notas de un pentagrama. Mi sol si re fa.
Eolo mueve los brazos de los nuevos molinos, le ganarían al mismísimo gigante Briareo, son muchos y brotan por todas partes, don Quijote se estrellaría inevitablemente.
Los árboles de la carretera muestran achaques de vejez, pero aguantan en pie, no son los únicos, ya no llevan aquellas fajas blancas. Mi cámara no atrapa la lluvia de hojas, me lleva la contraria.
A casa, hay cosas que hacer...
¿Poner la television? Mamá, tú tenías trece años cuando estalló la locura de la guerra civil. Nunca opinabas, te metieron el miedo en el cuerpo. Me contabas lo del "Campesino" con el abuelo y lo de tu tío Paco fusilado. No te gustaría ver lo que sale ahora.
La paz de un pequeño pueblo.
Los gatos son de todos los colores y algunos mezclados. A veces los veo reñir.
María Ángeles Merino Moya
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Sin sentido
En el rodar de la vida descubres que hay un sentido fuera de los cinco clásicos sentidos.
Es el sentido que podemos llamar "sin sentido".
Nada tiene sentido lo que con él hacemos, vemos lo que nunca vimos, oímos tocamos sentimos de otra manera.
Todo lo que con él hacemos es un sinsentido.
Y en este sinsentido al pasado viajamos y en el encontramos al bautizado como el "Fénix de los ingenios".
"Creer que un cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengaño"
Y no sigo en este soneto pues deben ustedes leerlo y memorizarlo.
Lagrimas en la sonrisa y llanto de las manos, el sinsentido de nuestro último y equivoco sentido.
Que tal vez nos acompañe, como cuando parafraseando a otro, alguien más o menos de la misma época y plumilla de mirada más oscura, antes lo dejo escrito.
"Polvo serán más polvo enamorado"
Y, a estas alturas del año cerca de enviar o recibir un ramillete de violetas, escribo estás letras que a fin de cuentas no tienen sentido.
Agustín Merino, texto y pintura.
Ayer saqué del armario mi camiseta verde, la de "Escuela pública, de todos y para todos", la reivindicativa, la que llevé puesta aquella tarde de 2017, en mi última clase.
Fuerza y ánimo, compañeros de Madrid, que lo fuisteis durante dieciséis años, nada más. Y bien a gusto. Adelante con vuestras reivindicaciones, por vosotros y por vuestros alumnos.
"'Escuela pública, de todos y para todos". ¿Quién lo pone en duda?
Desde este rincón del páramo burgalés, asoma el sol y escucho "Heroica" de Chopin. Gatos de todos los colores me dan los buenos días.
¿Quién duda que lo sois? Heroicos. Conozco el percal. ¿,Violentos? Vamos, anda...
¿Privatizar? No, gracias.
Esta noche, ha caído la escarcha. Ya sé que los pueblos nunca te gustaron, mamá, qué rara está hija tuya.
Desde Palacios de Benaver un día de otoño.
Puse Chopin. ¿Debería haber puesto un "coro rociero"?
María Ángeles Merino Moya
Exposición en 2018, Poza de la Sal.
La luz que acaricia el frío, es un bien corto en tiempo, pero inmensa en su pureza.
Mide la confianza del pintor en sus propios ojos.
Ni la fuerza de la primavera, ni la sensual caricia del verano empañan el anterior reto.
Desnudez y claridad retenida al fondo de su propio mirar, mirares de invierno.
Has abierto el recuerdo de los ahora olvidados lienzos.
Y ya salidos del letargo vuelven a latir.
Con sonidos a quejido de grito o beso.
No será igual mañana, donde anidará otro mirar.
Como en la vida, el hoy y el ahora es su propio verso.
Y solo queda decirte gracias en nombre de todos y cada unos de ellos.
Agustín Merino, texto y pinturas. Exposición Poza de la Sal, 2018.
Es Palacios de Benaver, 14 de octubre, la mañana fue de sol y la tarde es de cielo a borreguitos que el atardecer pinta de fuego, rosa o gris. El refrán, a ver el refrán, María García.
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Paseo por la carretera mientras el sol se esconde, no voy muy allá, no llego a los molinos que dicen aerogeneradores, siempre cerca pero siempre lejos. Se me haría de noche y mi pierna...
Dos corzos prudentes esperan ir al rio o fueron ya. Pasa un tractor, que la tierra requiere peinado y minerales, los girasoles esperan cabizbajos la recogida. Pasa un ciclista, voy atenta por si pasa algun coche, doy la vuelta, los pájaros se despiden del día, la campana del convento toca, creo que a Vísperas.
Antes de entrar en casa, junto al palomar abandonado, juega al escondite la letra "de" de la luna mentirosa y creciente. Recojo el tendedero que dejé fuera, qué bien huele.
"Cielo aborregado, suelo mojado".
Me dice mi sobrina, por el móvil, que para mañana han pronosticado buen tiempo soleado, que el cambio es para pasado.
Ya sabéis. "Borreguitos en el cielo, charquitos en el suelo".
Abro la puerta. No pongo la televisión, me duele ver niños que balan de lo que no conocieron y embisten como carneros. Borregos, dirías tú, mamá.
María Ángeles Merino Moya
Cesó la lluvia.
Mengua la algarabía pajarera del amanecer.
Me dice que si los oigo.
Cantan aquí dentro.
Rosas de octubre, las veo, las huelo.
Y todavía no estoy.
Estaré pronto, que las algarabías sean las de los pájaros.
Los pajarillos, mamá.
María Ángeles Merino Moya
Fotos de Agustín Merino, en Palacios de Benaver (Burgos).