viernes, 26 de junio de 2026

Lavanda, espliego, cantueso o alhucema.

 


Junto a la Audiencia, color y olor de lavanda, espliego, cantueso o alhucema. Nombres, cada uno nos lleva a un rincón distinto de la memoria, los sinónimos no lo son tanto. Me acerco y descubro la  danza recolectora de los golosos abejorros, alguna mariposa, qué curiosa, también. Quema el sol, un poco de airecito. Una brizna de olor en el bolsillo, el paseante no se resiste. Te he visto. Huyo del sol. Sigo mi paseo, mi querencia. 

Lavanda, espliego, cantueso o alhucema. 

Es pliego. Estamos frente a la Audiencia. 

María Ángeles Merino Moya

lunes, 22 de junio de 2026

Ahora mismo, bajo los tilos.



Ahora mismo, buenos días, bajo los tilos de la Avenida del Cid.

 Lindenbaum, qué palabra más bonita, aunque no sepa ni papa de alemán. Música en las palabras y olor a tila. 

Y música en la Música, aunque suene en el móvil, qué fácil ahora escuchar a Schubert, tal vez demasiado. 

A ver este junio. Verano. 

María Ángeles Merino Moya

lunes, 1 de junio de 2026

Tarde de mayo, orillas del Ruyales.


 Las amapolas son las reinas del mayo que se va y el junio que llega. Se burlaron de los herbicidas y así presumen, entre verdes y amarillos, abanicadas por el viento. 

Los campos en flor que soñaba el prisionero del romance "Que por mayo era por mayo". Hace la calor, ayer no demasiado, los trigos encañan y el mar de las mieses va y viene. El romancero es muy socorrido y aguarda en el disco duro. 

 Hacía mucho tiempo que no daba el paseo, rodeando el pueblo y el riachuelo Ruyales, en Palacios de Benaver, barrio chico y barrio grande. Alguna casa nueva, casas viejas cerradas para siempre, la quesera en nuevas manos y las benedictinas que preparan su adiós. En ese viejo banco de madera ya nadie se sentará. Gatos rubios y gatos negros se asoman curiosos. 

La estela de aquel caminante que perdió la vida  allá por 1850, un  poco más borrosa, rodeada de rosas silvestres. 

Hablo con una mujer del pueblo, la conozco, sé que estuvo muy malita, le pregunto por su salud y por el molino de agua. Siempre lo vi seco y en ruinas, lo llamaban "de las monjas", ahora lo están reformando, no sé si con fines públicos o privados. Me llaman la atención las dos ruedas varadas, están de moda los molinos, dice la vecina. El pensamiento se me va a difíciles "comuniones", luego leo el periódico...


El cementerio junto a la carretera, "corral de muertos" que escribió  Unamuno. Luego "barbecho largo". Una abejilla o avispilla se zambulle en una rosa, rico rico polen, de aquí no me muevo.



La ropa ya estará seca, entro un momento al monasterio, están con las "vísperas", me persigno ante el Cristo románico, quedan muy pocas religiosas, las cantan unas visitantes jovencillas , tal vez nuevas vocaciones, no sé. 

El ciprés, la tapia y el cerro, lo de siempre. Recojo la ropa, qué bien huele, volvemos a Burgos. En la orilla de la carretera pasean tres mujeres parlanchinas, es una costumbre de antes, se va perdiendo.

Retamas amarillas y molinos aerogeneradores nos escoltan en el camino de vuelta. 

Una tarde de domingo, última de mayo, de este mayo. 

María Ángeles Merino Moya