Monasterio benedictino de San Salvador (Palacios de Benaver).
El tiempo en sí mismo es lo único que nunca envejece, tal vez porque no regresa donde ya ha estado y carece totalmente de memoria.
Al ser expulsados del Edén dios dio al hombre la nostalgia y les recordó que fuera de este mágico lugar son los dominios de un inmisericorde señor llamado tiempo.
(Texto y foto de Agustín Merino)

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