sábado, 29 de noviembre de 2025

Como todos

 















Esta tarde me he encontrado con la comitiva que acompañaba al arzobispo emérito de Burgos Francisco Gil Hellín, a su última morada en la Catedral, en la capilla de Santa Ana. Las campanas tocaban a muerto y  allí iban los restos mortales de don Francisco, precedido de arzobispos, curas, familiares y monjitas de Iesu Communio, las del hábito vaquero. Curiosos a los lados de la Plaza de Santa María pero no demasiados, nada que ver con esas fotos antiguas de carroza con catafalco y el difunto al aire, rodeado por el pueblo llano curioso. Ahora no, ahora es un coche de la funeraria como todos, con coronas como las de todos y dentro del  ataúd. no sé si de alta gama, qué más da. 

Lo han entrado por la Puerta de Santa María y lo han conducido al Altar Mayor, donde iba a comenzar la misa. En estos casos pido permiso, me dicen "puede usted pasar si va al sepelio", otra cosa si va de turista. Ya no hice más fotos porque se me acabó la batería. Y no me iba a quedar, porque mi hermano, a las seis y media, iba al gimnasio, que es mejor no dejar a mamá sola. 

Al salir, los turistas miraban al Papamoscas y yo , llevada de una ilusión infantil, también parada, dispuesta a abrir la boca. Pero nada, el célebre autómata no abría la boca, el martinillo quieto en el balcón. Un guía nos dice que lo han enmudecido temporalmente, para que no se oyera en la misa, precisamente a las seis. Bueno, creo que a don Francisco tal vez le hubiera gustado escuchar ese ," nin non" tan familiar para él; llevaba ya años fuera de Burgos, en su Murcia, más calentita.

Salgo de la Catedral, en la calle de la Paloma y Laín Calvo lo de cualquier tarde de sábado. 

Al arzobispo emérito Francisco Gil Hellín le espera lo que nos espera a todos: un cielo prometido o una nada, o un fundirse con la Naturaleza, o camino de ser polvo de estrellas. Infierno de ninguna manera, siempre rechacé un Dios así de malo, tampoco purgatorio, ya purgamos bastante. Y limbo para bebés, qué tontería una guardería celestial. En la cripta de Santa Ana su cuerpo esperará, junto a otros que le precedieron, antes de la tumba definitiva.

En casa, se lo cuento a mi hermano y me envía por guasap su texto:

"Cuando el cielo no puede esperar.

Y entre el cielo y el infierno el tiempo del purgatorio se acaba y con él la trompetas de Jericó hacen caer cielo e infierno.

Cuánto descreído en desfila con jaculatorias y letanías, cuánto asustado acompaña .

Oropeles entorchados y púrpuras junto al poder temporal procesiona.

Solo recordar que se ha ido un hombre y como en todos los entierros todos morimos un poco.

Aunque alguno, parafraseando a un poeta, acompañado del humo de los altares."

(Agustín Merino)

Así es, Agustín, en todos los entierros todos morimos un poco. Y no preguntéis por quién doblan las campanas, doblan por ti.

María Ángeles Merino Moya

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