Ayer, pasadas las ocho y cuarto de la tarde, delante del esplendido retablo renacentista de la Capilla de los Condestables, en la Catedral de Burgos, íbamos descubriendo, boquiabiertos, el retablo tardogótico que vive oculto detrás, de la mano del investigador José Antonio Gárate. Sólo sobrevive, a la vista, el Calvario de la parte superior y algunas imágenes que se conservan en el Museo del Claustro, las que estaban en los pinjantes de la bóveda.
Era de piedra y madera, con el mismo tema de la Purificación. Mediante una pértiga y una cámara minúscula tuvieron acceso a algunas imágenes cubiertas del polvo de los siglos. Gárate confeccionó un croquis y nos mostró una reconstrucción de cómo pudo ser el viejo retablo.
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¿Por qué sustituyeron una obra de arte así? Sabemos que las tendencias artísticas cambian, que el gótico había pasado y se imponía una nueva estética. ¿Es que estaba mal el anterior? No, pero Diego de Siloé y Vigarny traían ideas nuevas y al Condestable de Castilla todo le parecía poco para la morada eterna que soñó su abuela doña Mencía. Y en verdad que es magnífico el retablo renacentista, los ojos dudan en qué belleza detenerse.
El arte pasa, los seres humanos pasamos y algo de nuestro "retablo" vivirá también oculto, en las siguientes generaciones.
Gracias al investigador Antonio Gárate, a Alumni UBU y a la Catedral de Burgos por organizar la ponencia y ofrecérnosla. Fue una magnífica oportunidad de conocer mejor la Capilla de los Condestables, lo que se ve y lo que vive oculto, pero dio vida e inspiración en su momento.
María Ángeles Merino


