Ayer, me asomé de nuevo al mar, una breve escapada de las que, de vez en cuando, nos permitimos los burgaleses: al Cantábrico, en Suances, Portus Blendium, nuestro "Espolón" en traje de baño. Y no perdonamos los sobaos ni el plato de "rabas" que nosotros insistimos en llamar calamares fritos o a la romana.
Lunes, septiembre, con sol y una temperatura de veintipocos grados, a la orilla del mar azul y azul turquesa, con arena fina, sin piedras, el paraíso de paseantes meseteños.
La playa de la Concha y a un lado tenéis la Playa de los Locos, esa la dejo para otro día, aunque me la aconseja siempre una amiga, con su castillo y el homenaje a quien la llevó a la literatura.
Al agua voy, bueno, agua muy poca, la que de vez en cuando sorprende a mis pies desprevenidos. No nado nada aunque sí traje traje. Pocos bañistas de meterse dentro, solo los surferos con su coraza de neopreno.
En la arena, busco las huellas de las gaviotas, las que poétizó un adolescente Neruda y yo busqué hace años en la playa del Saladillo de Estepona, cuando leía aquellos Veinte poemas de amor y una cancion desesperada. Quería entrar y buscaba la llave, no soy buena lectora de poesía.
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como las huellas de las gaviotas en las playas..."
De vez en cuando, como a una niña, me llama la atención el brillo del nácar de alguna concha y sonrío recordando la greguería de Ramón Gómez de la Serna: "Las conchas de la playa son los restos de los arroces que se come Neptuno.". Buenas paellas debe trasegar el del tridente, pardiez.
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¡Qué a gusto me siento! Se lo cuento a mi sobrina y a una amiga, ay el móvil. Después vuela el pensamiento sobre las olas.
Una mujer desconocida me pregunta si me llamo Begoña, un señor desconocido me pregunta si sale de aquí un ferry para Inglaterra, no creo, en un puerto tan chico. El desconocido va vestido muy formal, con traje oscuro, y nos cuenta que aquí echó las cenizas de su madre, el buen hombre tenía que contárselo a alguien.
Muchos jubilados, incluso pasean al perrito. Ya ves mamá, recuerdo lo que me contabas de cuando eras pequeña y vivías en Torre del Mar, donde nació el tío Diego, y todos los días protestabas: "eche, no e baño". Te había recetado baños de mar un médico moderno: nada de ayuno, comer bien, al agua y al sol.
Comemos allí cerca, mi hermano y yo. No pueden faltar las "rabas" ni la tarta de queso. Llevamos sobaos para los de casa, lo típico, al coche. Otro día, que no se nos olvide el tarrito de anchoas. En el viaje hace calor, más que en Suances, por Aguilar de Campoo, cuántas oes, nos hacen dar un rodeo por obras. Ha merecido la pena la escapada.
"El mar, el mar y no pensar en nada". No sé de dónde me sale eso, lo busco en Google.
Vaya, es de Manuel Machado, muy buen poema pero pesimista.
Buenos pensamientos, sí, adelante.
María Ángeles Merino Moya
https://aranitacampena.blogspot.com/2014/01/las-palabras-de-amor-se-adelgazan-como.html?m=1
https://www.poemas-del-alma.com/manuel-machado-ocaso.htm












Muy completa esta otra salida al mar. Supongo que como buena burgalesa, te llevarías además del traje, la rebequita.
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