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jueves, 20 de agosto de 2026

La tarde rompe en lluvia, para bien.


Agua en agosto, miel y mosto.

 La tarde de ayer rompe en lluvia, para bien. Cambia el color, huele a tierra mojada, petricor dicen, y me llegan gotitas pulverizadas, con la ventana medio abierta, al lugar donde ahora me siento, se está tan a gusto, mamá. 

Cierro el libro, me asomo, como siempre, a ver las hojas del tilo y la gente correr, la luz roja del semáforo juega con el brillo del asfalto, los números cantan su cuenta atrás, los pájaros lo imitan, quién será ese intruso tan mal cantor.

Las azules campanillas de mi balcón, que no es balcón, se esponjan un poquito, el agua de la lluvia les sabrá distinta, o no.

Los poetas cantaron a la lluvia, muchas veces su estado de ánimo. Me pongo a pensar y me sale la más lánguida, la de Verlaine: 

 Il pleure dans mon cœur

Comme il pleut sur la ville ;

Quelle est cette langueur

Qui pénètre mon cœur ?

Sigo pensando en poemas con lluvia. Ay, ese no, Gustavo Adolfo Becquer:

Allí cae la lluvia

con un son eterno;

allí la combate

el soplo del cierzo.

Del húmedo muro

tendida en el hueco,

¡acaso de frío

se hielan sus huesos...!

No, frío no, solo lluvia que alivia, mamá, vives dentro de mí. 

Llueve. Decía que "Agua en agosto, miel y mosto".

María Ángeles Merino Moya

https://lesvoixdelapoesie.ca/lire/poemes/il-pleure-dans-mon-coeur

https://www.poemas-del-alma.com/rima-lxxiii.htm

miércoles, 5 de agosto de 2026

Es agosto y se van de vacaciones. Gente que se queda. Y lee o escucha.

 


Es agosto y se van de vacaciones. 

Cierra todo. Es en una cafetería de la calle Venerables donde leo:

 "No nos hemos fugado. Solo estamos de vacaciones. Volveremos el lunes con más ganas, y probablemente, con algún kilo de más. Gracias por vuestra comprension.". 

Comprendemos. Es agosto. Pasadlo bien. Me voy a la fuente estanque que fue del hospital del Doctor Vara. El agua salpica y las palomas beben y vuelven a beber. Un banco limpio, me siento. 

Una señora encorvada con carrito, o muchas, una pareja de enamorados y un hombre ni viejo ni joven que mete la cabeza en el agua para ahuyentar el alcohol. Pasan chavales y chavalas con bolsas de botellón, se van para el cerro a ver el paisaje. Los niños dan guerra a los adultos, es lo que tienen ahora que hacer.

Y una mujer, con móvil, escucha un cuento de Chejov, "Un ángel". Olenka es un ángel, sin duda, viene bien esto de los audiolibros. 

Olenka es feliz si tiene alguien y algo por quién preocuparse: su padre, su tía, el profesor de francés, el dueño del teatrillo, el del taller de madera, el veterinario, el niño Sasha, que no se le mueran, que no se le vayan. Llaman a la puerta. ¿Cómo termina el cuento? No termina, Olenka se tranquiliza, sigue durmiendo, aunque con pesadillas. El lector puede continuar la historia de Olenka, como quiera. 

La vida es como un cuento de Chejov, no pasa nada pero pasan muchas cosas. A ver mañana, qué preocupaciones nos ocupan. 

Es agosto, qué mes más raro. Lo de "frío en el rostro" se fue con el cambio climático. Mi casa no es calurosa, por las noches se refresca mucho  con las "corrientes", Mi madre no quería "corrientes", era del tiempo en que eran presuntas culpables de pulmonías asesinas. Ya cierro la ventana, mamá. 


Es agosto, paseo junto al río y los árboles. 



Libros y familia. Y perrito de la familia también. 

A ver mañana, duerme tranquila, Olenka.¿Qué sería de la vida sin preocupaciones? ¿Y sin opiniones, aunque no sean propias? ¿Y sin cuentos? 

No os perdáis el cuento. Olenka no puede vivir sin dar a su vida un sentido. Es "Un ángel" nacido de la pluma del escritor ruso y médico Antón Chéjov, el mejor cuentista de la literatura universal. 

María Ángeles Merino Moya


sábado, 1 de agosto de 2026

Girasoles y pensamientos que miran al sol.

 




Aquel verano escribía "El girasol que no mira al sol". Era 2012, reparaba en un girasol que llevaba la contraria, a saber su heliotropismo. Ayer todos, al unísono con sus corolas amarillas, tan formales, como los que después enloquecieran en los jarrones del famoso, y también enloquecido,  pintor holandés. 


Me senté, a mirar los hibiscos blanco rosados y las rosas resecas, resignadas al sol de julio, mes de fuegos, ay: "Devastacion fuera de control". Luego leo el periódico del domingo, en El País escribe Manuel Vicent que llega agosto y " No hay que pensar". 

El ciprés y el cerro, tras la reja de la ventana. La maquina, clas clas, ya guardó su tesoro triguero y regó olas de paja, los pájarillos detrás, alborozados. Dicen que ahí anidan las codornices, no sé. La campana de las monjas da la una, silencio y olor cereal. 



A mamá no le gustaba nada el pueblo, ni los pueblos. Ni Palacio de Benaver, ni ninguno. No comprendía mi gusto por estar aquí, ahora está dentro de mí y me entenderá.

Mira, mamá, las moras del moral, las negritas ya se pueden comer, manchan un poco, sí. Me contaba la "santera" que el árbol ya estaba cuando ella nació, ya, ya sé que esa señora no te gustaba nada. 


Pasó julio, llega agosto, el doce el eclipse, tal vez ahí tras el cerro sea un buen lugar... 


Uno de agosto. Imágenes de julio, las buenas. Las que vimos ayer en la televisión fueron terribles, el paso de la frontera de Ceuta, ya van cincuenta y siete ahogados. ¿Por qué? 

María Ángeles Merino Moya

https://aranitacampena.blogspot.com/2012/08/un-girasol-que-no-mira-al-sol.html?m=1