Mostrando entradas con la etiqueta Manuel Vicent. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Manuel Vicent. Mostrar todas las entradas

viernes, 25 de septiembre de 2026

Versiones de un atardecer.



 Tres versiones del mismo atardecer de 24 de septiembre de 2026, en mi rincón de Palacios de Benaver (Burgos). Se veía un poco fantasmal, sin embargo la tarde había sido luminosa, como de verano. Y en buena compañía. Mi hermano la  pasa por el " filtro" y yo por la denostada IA. Yo sé cómo se puso el sol, salí un momento a atraparlo. Ilusa. Y la peor fotógrafa del mundo. Eso sí, hago fotos malas y a mí me gustan.

La de la IA es la de los colores "moscatel", como diría Manuel Vicent, en mi memoria la más real. ¡Cielos! 

Escribí "fantasmal". No se sienta ofendida, Sor Austringiliana, mi querida ente de ficción, fantasma de mi imaginación, sí. 

María Ángeles Merino Moya

domingo, 20 de septiembre de 2026

"El otoño llega para salvarnos con los delicados matices de su luz de moscatel..."

 "Otoño al rescate" (Manuel Vicent, 20 de septiembre de 2026)

En su columna del domingo, Manuel Vicent toma su atinada paleta de palabras y nos anuncia la llegada del "Otoño al rescate". 

"...El otoño llega para salvarnos con los delicados matices de su luz de moscatel; los amarillos, rojos, morados, violetas que llenan el paisaje son los mismos que se pisaron en la paleta de Klimt, de Van Gogh, de Monet, de Renoir cuyos colores se instalan como uno de sus cuadros en la ventana. Y sin darte cuenta ya es de noche y oyes la lluvia fina, persistente en los cristales, que dará paso a una mañanita de niebla dorada por un sol muy amable. Bandadas de garzas cruzan el cielo hacia el sur y en los valles suena la berrea de los ciervos."

¡Yo quiero un otoño así, Manuel Vicent! "Después de los violentos aguaceros" de este verano que se va. ¡Qué venga a nuestro rescate!

Huele a otoño, mamá. Pronto, la "luz de moscatel" en nuestra ventana y en el campo. 

María Ángeles Merino Moya






sábado, 1 de agosto de 2026

Girasoles y pensamientos que miran al sol.

 




Aquel verano escribía "El girasol que no mira al sol". Era 2012, reparaba en un girasol que llevaba la contraria, a saber su heliotropismo. Ayer todos, al unísono con sus corolas amarillas, tan formales, como los que después enloquecieran en los jarrones del famoso, y también enloquecido,  pintor holandés. 


Me senté, a mirar los hibiscos blanco rosados y las rosas resecas, resignadas al sol de julio, mes de fuegos, ay: "Devastacion fuera de control". Luego leo el periódico del domingo, en El País escribe Manuel Vicent que llega agosto y " No hay que pensar". 

El ciprés y el cerro, tras la reja de la ventana. La maquina, clas clas, ya guardó su tesoro triguero y regó olas de paja, los pájarillos detrás, alborozados. Dicen que ahí anidan las codornices, no sé. La campana de las monjas da la una, silencio y olor cereal. 



A mamá no le gustaba nada el pueblo, ni los pueblos. Ni Palacio de Benaver, ni ninguno. No comprendía mi gusto por estar aquí, ahora está dentro de mí y me entenderá.

Mira, mamá, las moras del moral, las negritas ya se pueden comer, manchan un poco, sí. Me contaba la "santera" que el árbol ya estaba cuando ella nació, ya, ya sé que esa señora no te gustaba nada. 


Pasó julio, llega agosto, el doce el eclipse, tal vez ahí tras el cerro sea un buen lugar... 


Uno de agosto. Imágenes de julio, las buenas. Las que vimos ayer en la televisión fueron terribles, el paso de la frontera de Ceuta, ya van cincuenta y siete ahogados. ¿Por qué? 

María Ángeles Merino Moya

https://aranitacampena.blogspot.com/2012/08/un-girasol-que-no-mira-al-sol.html?m=1



lunes, 10 de marzo de 2025

Ya esta cerca. Cojamos la pértiga y hacia dentro.

 




Ya está cerca, la anuncian los arbolillos sin nombre de la orilla del río y también los prunos del paseo, cerca de la fuente que arrancaron junto al hermano Arlanza. El Arlanzón va para allá, dejo en el pretil el bolso y la bolsa de la rebeldía antinavideña de los "Grinch". Rebeldía que de nada me sirvió, las rebeldías eso tienen.

Dentro, el pan y el periódico de los domingos, con la Unión Europea que no sabe, pobre, a dónde mirar que no aparezca un "grinch", vamos a llamarlo así. Y "asume el alejamiento de EEUU y acelera su plan militar".

Manuel Vicent, en su habitual columna de la última página de "El País, nos anima a "huir hacia dentro de uno mismo con la pértiga en la mano en busca de un punto de apoyo para preservarse del lodazal de la política, de la basura mediatica, del ruido espantoso de este circo...". 

No sé de la pértiga, tal vez unos minutos para mirar los arbolillos en flor. Y hacia dentro. Huimos.

 Ya está cerca.

Ya ve, Sor Austringiliana. 

La primavera, la vida. Y hacia dentro.

María Ángeles Merino

lunes, 17 de febrero de 2025

Ranúnculos.




Un brillo de flor recien estrenada. El sol de la mañana de febrero da sobre los ranúnculos, "son como margaritas todo amarillo" dice  una niña a mi lado.

 Mira, ranúnculos o ficarias, ahora todo lo resuelve el aparatejo que llevo en las manos. El "Lens" lo apunta, lo apunto yo, que no se me olvide, que se me olvidará. 

Unas flores que me sirven como "heraldo de primavera", a la mitad de febrero, "febrerillo loco que sacó a su padre al sol y luego lo apedreó".

Que no nos apedree, que de locos estamos sobrados, leo el periódico y el suplemento. 

Rosa Montero comienza su artículo: 

"A veces los pueblos eligen esa peculiar forma de suicidio que es la ignorancia".

Juan José Millás titula el suyo: "Dirigidos por un diablo". 

Y leo en la columna de Manuel Vicent: "Cuándo la raza humana desaparezca de la Tierra, se oirá por todo el mundo...a todos los animales del planeta gritando cada uno en su lengua: ¡albricias!"

Mejor, miramos las flores amarillas.¡Albricias! 

Ya ve, Sor Austringiliana, en el Paseo de la Isla. 16 de febrero. 

María Ángeles Merino



 

lunes, 4 de noviembre de 2024

Jugamos y no aprendemos



El sábado, miraba ensimismada el agua de la fuente, frente al Malatos. Jugaba con la luz y los colores de una mañana de otoño. ¡Con la que ha caído, María Ángeles! ¡Agua!

Ayer, leía al escritor Manuel Vicent, tan valenciano: 

"La tierra que te da de comer con sus frutos, puede aplastarte con un terremoto; el aire con esa   brisa tan agradable puede convertirse en un huracán devastador; el fuego que arde en la chimenea es capaz de incendiar los bosques y el agua que bebes puede llevarse por delante tu vida con todos tus enseres. Los científicos habían advertido ...sin duda algunos políticos no han estado a la altura de este cataclismo, pero si algún miserable trata de sacar partido de esta desgracia echando la culpa al adversario será como uno más   que aprovecha el caos para realizar un pillaje en un supermercado...es el momento de la solidaridad y el arrojo ante el infortunio. Con muchas lagrimas los muertos serán enterrados...seguiremos jugando a desafiar a la naturaleza, como siempre, sin haber aprendido nada."

("Valencia en el corazón", domingo 3 de noviembre de 2024, El País)

No aprendemos, nunca aprendemos, Manuel Vicent. El agua sigue su camino.

Ya ve, Sor Austringiliana, palabras de valenciano.

Valencia, en el corazón de todos. 

María Ángeles Merino