miércoles, 7 de julio de 2010

Esta "campa" del cerro de San Miguel, en Burgos.



Aquel día de junio cantaban las chicharras. Sabíamos que Curry estaba malito, muy malito. Estábamos mi hermano, mi sobrina y yo. Subimos con él a esta campa, donde tanto disfrutó en su vida. Lo primero que hizo fue levantar la cabecita para captar los olores del campo. Sacamos la pelota verde y amarilla, ésa que no le dejábamos porque se alteraba demasiado. El efecto fue mágico.
No quise sacar a mi perro en el vídeo, pero allí estaba; tal vez se oiga su respiración...
Curry murió, en mis brazos, el día en que entró el verano.
Sor Austringiliana cuida de él.