Hace seis años, iba a clase, al Aula de Mayores. A la de la Experiencia no, que todavía no la tenía, esa clase de experiencia, sigo sin ella...
Aquel día me quedé en el pasillo y tuve que esperar a que terminaran la votación de los delegados de clase, no se podía interrumpir.
Mientras tanto hice la foto del Parral tras los cristales de Económicas. Con verdes y amarillos y un poco de sol, no pude evitar la tentación de sacar el móvil. La verdad es que lo de los delegados me importaba poquito, o nada. Gente con experiencia.
Todavía no he visto el Parral, ha estado mucho tiempo de obras, a ver qué tal lo han dejado.
Ya ve, Sor Austringiliana, qué manera de decir que te resistes al paso del tiempo y a una forma de pensar. Ya llegará.
Iba yo a contar mi 20 de noviembre de hace cincuenta años, pero se me ha adelantado mi hermano Agustín.
"En esa reunión por sorpresa, convocada por un jipioso jefe de estudios con monacales querencias.
Reunió a los delegados de los Cous, única democracia interna tal vez por ser irrelevante y de barataria textura.
Y entre lágrimas nos comunica la muerte del caudillísimo y que debíamos comunicar a nuestros cursos que nos íbamos a casa, pues eran días de duelo y tal vez de quebrantos.
Recuerdo la alegría de un compañero que seguía en una fiesta que ya lllevaba 24 horas, que después haría política carrera.
Recuerdo las lágrimas de dos delegados de opusdeistas tendencias.
Y recuerdo mi perplejidad descreída y descafeinada, pensando y a mí que me importa.
Recuerdo esa mañana que no supe tener conciencia de que nada volvería atrás y el árbol de la sociedad entraba en primavera, pidiendo savia nueva.
Recuerdo los personajes y la sala y mi triste papel de neutro mensajero.
Era una cualquiera fría mañana de un incipiente invierno sobre un instituto del apartheid masculino, que por fin empezaba a amanecer.
Y marchamos a lo que realmente nos ocupaba: a diversos colegios de chicas, donde estaban nuestros reales intereses.
"Beso que va a un porvenir
de muchachas y muchachos,
que no dejarán desiertos
ni las calles ni los campos"
Hace ya 50 años que volvía Miguel Hernández del olvido, con quien yo tanto queria."
Al cine o a los árboles? Es una foto de verano, de cuando en el Van Golem echaban El Cautivo. Ahora, al incluirla en una entrada del blog, me doy cuenta de lo rara que me quedó. Mi sombra, la orilla de la Quinta y la cartelera de la película de Amenábar, que tengo pendiente. Extraña mezcla. ¿O no? Como decía:
A saber, solo tenemos indicios, lo que tuvo que hacer Miguel para conservar la vida, pagar el rescate y salir del cautiverio. Al Bajá igual le gustaban los cuentos y encontró a Sherezade.
Qué bien, anclada en el sofa. No me decidía a salir, el jueves por la tarde.
Al final arranqué, tengo que ir a comprar un libro. Antes, paso por la exposición de Cajacírculo, en la Plaza de España: sobre el antiguo y desaparecido Palacio Arzobispal de Burgos, un mazacote que robaba vista de la Catedral.
Y lo vi, antes y después del derribo, allá por 1914, una ilusión de la Inteligencia Artificial: a ponerse las gafas de realidad virtual y cuidado que caen piedras, mira qué procesión con los gigantones y todo. Mentirijillas de la nueva tecnología.
Y compré Luces de Bohemia, para el Club de lectura de La Acequia y...vamos a andar un poco más, a hacer los diez mil pasos. Mira, suben señoras por la Puerta del Sarmental, alguna conferencia seguro, no tengo entrada.
Arriba con los escalones y pregunto, dan conferencia de arte, el de la puerta me deja entrar. A la capilla del Condestable, donde va a comenzar una charla sobre las vidrieras de allí mismo, las de Arnau de Flandes, que van a restaurar, costoso pero merece la pena.
La investigadora Doña Celestina Losada nos va a hablar de ello, las está estudiando, para el Ministerio de Cultura.
Fue interesante, una visión general de la Capilla, no demasiado de las vidrieras, que no cayeron con la explosión, yo pensaba que sí. Aquella, tan cargada de pólvora y con los soldados napoleónicos en retirada, las dañó gravemente.
Mis ojos disfrutaban de la estrella y de miles de esculturas y filigranas, toda la historia del mundo, en versión bíblica, para la última morada de doña Mencía y su esposo el Condestable de Castilla.
Primero, no pensaba salir, luego solo a comprar un libro, después a la exposición. Y acabé el día en la Catedral, bajo la estrella de ocho puntas y frente al retablo de la Purificación. Inmenso todo.Un poco de frío, pero no mucho. Hice bien en arrancar del sofá.
A casa. Por la calle de la Paloma, algunos jóvenes, y no tan jóvenes, ya iban de "juernes",
Ya ve, Sor Austringiliana, salir o no salir. Y terminé bajo una estrella.
Sin bastón, pero con alas. El bastón llegará, todavía no lo necesito, gracias. Las alas de leer y aprender, espero que me duren más allá del bastón. Un buen libro acompaña en el autobús.