lunes, 2 de diciembre de 2019

El amigo


Llora cuanto quieras
sobre mi hombro,
desahógate,
cuenta conmigo
para lo que te haga falta.

Pero no te equivoques,
no soy mejor que él:

le envidio
cada una 
de tus lágrimas.

(Karmelo C. Iribarren)

Tomado de El amor, ese viejo néon. Página 60 "El amigo".

(Primera edición marzo de 2017. Aguilar. Penguin Random House Grupo Editorial S.A.U.)



Llegara la luna llena y tu cara se llenará de lágrimas de plata viva.
Cuéntale a ella algo que no sepa.
Mientras al mar caminas.
En su orilla, descalza sobre sus arenas desahógate hasta desbordar las mareas.
No mires hacia las estrellas, no soy mejor que el mar y ni que la luna.
Quiero mías todas tus lágrimas.
Las quiero todas, y no tengo ninguna.
Ninguna tiene mi nombre, el nombre olvidado que ni siquiera recuerdas cuando llegan las olas sobre las rocas de tu mar sedientas de espumas blancas.
No me mires, no son por mí tus lágrimas.
Pero si persistes en abrazarme, pondré una rosa de mar alada en cada una de tus lagrimas.

(Agustín Merino)

lunes, 25 de noviembre de 2019

Nadie sale entero de una historia de amor, si realmente así fue.



Enamorarse es fácil.
Uno puede enamorarse
—sin demasiado esfuerzo—
varias veces al día,
a nada
que se lo proponga
y se mueva un poco por ahí;
y si es verano,
mi te cuento.
Enamorarse no tiene
mayor mérito.
Lo realmente difícil
—no conozco
ningún caso–
es salir entero
de una historia de amor.
(...)
Lo difícil, Karmelo Iribarren 
https://www.poeticous.com/karmelo-c-iribarren/lo-dificil?locale=es


Nadie sale entero de una relación de amor, si realmente así fue.
Tan despacio fueron los besos, dio tanto tiempo a hacer promesas.
Calando hasta los huesos.
Fue tan fácil empezar,que fácil es enamorarse.
Que fácil es el comienzo.
Una mirada, la palabra,quizá el primer beso.
Cuanto dejaste de ti en cada te quiero.
Cuántas veces soñaste que el tiempo era algo ajeno.
Mientras tu pecho alaba las palabras.
Inmensas ante los ojos de quien sin mirarte te está mirando.
De este Olimpo efímero,camino del río Leteo.
Solo quedará un poema apenas escrito, como estas letras,que lo intentan.
Y mientras garabateo, solo me viene a la cabeza unos viejos versos.
De un poeta del ayer.
Clamé al cielo y no me oyó, más si sus puertas me cierra de mis pasos en la tierra responda él, no yo.
Que no está nada mal como epitafio, puede que suene arrogante y tal vez retador.
Más solo es, del desamor su poderosa voz enamorada.

(Agustín Merino)

jueves, 7 de noviembre de 2019

Olivia



Olivia, mi sobrina nieta más chiquitita, nació ayer en el Hospital Costa del Sol, en Marbella.

Felicidades a sus padres, Sonia y Alejandro, y a sus hermanos Aitana y Alex. ¡Y a su tía Paola! ¡Y al abuelo Agustín! ¡Y a la bisabuela! A toda tu familia.

 ¡Que tengas una vida muy larga y feliz, niña mía!

Ya ve usted, Sor Austringiliana, el mundo no se acaba. 

miércoles, 9 de octubre de 2019

Las confesiones de una cernidora de recuerdos.



Lector: yo soy un pequeño filósofo; yo tengo una cajita de plata de fino y oloroso tabaco, un sombrero grande de copa y un paraguas de seda con recia armadura de ballena.

No voy a contar mi vida de muchacho y de adolescencia punto por punto, tilde por tilde...

Yo no quiero ser dogmático y hierático; y para lograr que caiga sobre el papel, y el lector la reciba, una sensación ondulante, flexible, ingenua de mi vida pasada, yo tomaré entre mis recuerdos algunas notas vivaces e inconexas-como lo es la realidad-, y con ellas saldré del grave aprieto en que me han colocado mis amigos, y pintaré mejor mi carácter, que no con una seca y odiosa ringla de fechas y de títulos...

...¿Cómo iba yo a la escuela? ¿Por dónde iba? ¿Qué emociones experimentaba al entrar?

¿Cuándo jugaba yo? ¿Qué juegos eran los míos?...

(Tomado de  "Las confesiones de un pequeño filósofo", Azorín, Narrativa Austral, edición de José María Martínez Cachero, 2014.) Pinchad aquí.

Mire usted, Sor Austringiliana: 

Leo los primeros capítulos de Las confesiones de un pequeño filósofo de Azorín y siento la necesidad de hacer caer estas palabras.

Lector: yo soy una cernidora de recuerdos; tengo una bata blanca, una chalina azul de lunares y un cuello de plástico. Y, a la manera del Azorín “pequeño filósofo”, cerneré un puñadito de harina de mi vida, a través del  tamiz de la memoria.

Porque vivo esa edad en la que nos sorprenden flashes del pasado que han tomado, con el tiempo,  los matices más insospechados. Y, aunque mis palabras sean jirones, pinceladas sueltas, luces fugaces en la niebla, siento la necesidad de hacerlas caer al papel.

3 marzo 1967. Me llamo María Ángeles, tengo casi diez años y vivo en Burgos, en Paloma 29, una calle escoltada por mi catedral de piedras grises y churretosas, seguida de soportales, miradores y un guardia desesperado. Mi casa no tiene portal, entro desde la tienda de mis padres a una vivienda vieja, con  buhardilla habitada por “el hombre del saco”; pero sobra espacio para la escuela de mis muñecas.


Como cada mañana del invierno,  la muda calentita espera cerca  de la chapa. Mamá  recita “bendita sea la luz del día”, mientras me visto. Antes de salir, la bufanda con vueltas e imperdible.

Mi colegio es el Generalísimo Franco, lo inauguró el general superlativo  y cumple con la pedagogía franquista. No recuerdo sensaciones hórridas, las maestras  no exageran los castigos. Severas, distantes, encorsetadas, nos inculcan que es por nuestro bien.  Los maestros de los chicos sí son” hórridos” de verdad.  A las niñas nos llega el ruido explosivo de las bofetadas.
Voy al colegio con algunas compañeras y a veces contamos chistes. Hoy toca el de “qué le dijo el wáter a Franco”.  Nos reímos bajito.


Tomado del blog de mi querida tocaya Gelu que ya no está con nosotros.

En  el balcón del Ayuntamiento pa papapapapapá, trompetas que llaman al pueblo. Hay que esperar a mayo para los danzantes y los gigantones. Pasa don Rufino con su manteo, tan amadísimo en el Señor.

En la Calle Carnicerías, evito ver los  corderos sangrantes colgados boca abajo  Por la Diputación, pasan las ciegas del cupón, la gorda reguñona y la delgadita sumisa. Agarradas del brazo, hablan como si estuvieran solas. La una: me duele la tripa, me ha bajado el periodo. La otra: da muchas gracias a Dios. No entiendo nada.

Llegamos al semáforo: peatones pasen, peatones esperen. Coincidimos  con el matrimonio Frübeck que abre su óptica, con puntualidad germánica. Ya en la calle Vitoria, nos saluda el gato de la fachada del cine Avenida y una niña quiere contarnos la película. El Bazar Médico muestra unas enormes jeringas que ni mirarlas. Hay un guardia civil en una garita y nos preguntamos si será el padre de Pilarín, una niña que  siempre nos amenaza con chivarse a su padre guardia.  Los grises al otro lado de la calle Vitoria, no nos dan miedo…todavía. En la tienda de periódicos, leo las letras más gordas…



El río Vena baja muy sucio. Nos hemos entretenido, daos prisa.  Ya llegamos a  la fila, subimos. Felicidad me gusta porque leemos más y hacemos menos divisiones kilométricas. La señorita Marina me reñía cuando los números se me desparramaban. A esta le gusta lo que a mí  y  valora mi trabajo. ¡Felicidad! Ahora leemos Platero y yo y el burrito se bebió un cubo de agua con estrellas. Lo malo fue que, a continuación, tocaban labores con la doña Rita que me pidió el trapito y me arreó con el dedal.

¡Qué bien! En el recreo jugaremos a “dubles” con mi soga nueva: “para bailar el twist se necesita un pantalón vaquero y una blusita”.


Colegio Público Río Arlanzón de Burgos, antes Generalísimo Franco.

3 de marzo de 1967, la señorita Felicidad leía el ABC y lloraba.

“Con Azorín, muere del todo el 98”

Las niñas también.

María Ángeles Merino Moya, 8 octubre 2019.

domingo, 29 de septiembre de 2019

Veranillo de San Miguel.


La tierra se airea y muestra su desnudez. Es el veranillo de San Miguel, con sol y cielo azul. El palomar, la tapia y el ciprés. El cerro y los terrones grises. 

Aquí estoy, Sor Austringiliana, frente a un paisaje que hice mío, un día en que convoqué a la niebla de la memoria. 

En Palacios de Benaver, un pueblito del páramo burgalés, junto al monasterio benedictino de San Salvador.

María Ángeles Merino estuvo allí. Sigue abierta la convocatoria. 

lunes, 9 de septiembre de 2019

Ahora el campo descansa.


Ahora el campo descansa.

El palomar, el ciprés, la tapia del cementerio de las monjas benedictinas, el trigal y el cerro.

Descanso y silencio.

Su paisaje, Sor Austringiliana.

María Ángeles Merino en Palacios de Benaver, ayer.

sábado, 3 de agosto de 2019

Pasear, descansar la vista en el agua, poca cosa.



Pasear y descansar la vista en el agua, poca cosa.


Y leer, en las orillas de nuestro pequeño río, un libro que viaja por un río inmenso y lleno de peligros, con gente malísima.