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lunes, 17 de febrero de 2025

Ranúnculos.




Un brillo de flor recien estrenada. El sol de la mañana de febrero da sobre los ranúnculos, "son como margaritas todo amarillo" dice  una niña a mi lado.

 Mira, ranúnculos o ficarias, ahora todo lo resuelve el aparatejo que llevo en las manos. El "Lens" lo apunta, lo apunto yo, que no se me olvide, que se me olvidará. 

Unas flores que me sirven como "heraldo de primavera", a la mitad de febrero, "febrerillo loco que sacó a su padre al sol y luego lo apedreó".

Que no nos apedree, que de locos estamos sobrados, leo el periódico y el suplemento. 

Rosa Montero comienza su artículo: 

"A veces los pueblos eligen esa peculiar forma de suicidio que es la ignorancia".

Juan José Millás titula el suyo: "Dirigidos por un diablo". 

Y leo en la columna de Manuel Vicent: "Cuándo la raza humana desaparezca de la Tierra, se oirá por todo el mundo...a todos los animales del planeta gritando cada uno en su lengua: ¡albricias!"

Mejor, miramos las flores amarillas.¡Albricias! 

Ya ve, Sor Austringiliana, en el Paseo de la Isla. 16 de febrero. 

María Ángeles Merino



 

viernes, 9 de septiembre de 2022

Comienzo el día

 

Comienzo el día con La loca de la casa de Rosa Montero. Locura, imaginación, literatura... Me queda poquito y lo siento... Oigo el guirigay de los niños que van al colegio ahí enfrente, su primer día después de las vacaciones. ¿Y yo aquí? Cierro el libro, los recuerdos me llevan a otras realidades. ¿Las adoba la imaginación? ¿Nos miente la memoria?


¿Los escritores escriben su vida? ¿De verdad le han ocurrido a Rosa Montero esas "aventuras"? Leo: 

"El escritor toma un grumo auténtico de la existencia, un nombre, una cara, una pequeña anécdota, y comienza a modificarlo una y mil veces, reemplazando los ingredientes o dándoles otra forma, como si hubiera aplicado un caleidoscopio sobre su vida y estuviera haciendo rotar indefinidamente los mismos fragmentos para construir mil figuras distintas." (Página 265 y 266)

"La narrativa es al mismo tiempo una mascarada y un camino de liberación. Por un lado, enmascara su yo más íntimo con la excusa de la historia imaginaria; o sea, disfrazas tu verdad más profunda con el ropaje multicolor de la mentira novelesca. Pero, por otro lado, conseguir que la loca de la casa fluya con total libertad no es cosa fácil..." (Página 268)

(La loca de la casa, Rosa Montero, Alfaguara, 2003)

Ya ve, Sor Austringiliana, "la loca de la casa" que decía Santa Teresa.

María Ángeles Merino

domingo, 3 de julio de 2022

Con Rosa Montero y "El peligro de estar cuerda".


Rosa Montero en el Palacio de la Isla de Burgos (14 junio 2022)





 Rosa Montero nos presentó su libro, entre el ensayo y la ficción, sobre sí misma y sobre tantos escritores salvados por la escritura...¿No cuerdos? ¿Quién está cuerdo? ¿A quién le falta un error de cableado en las neuronas? 

Mientras escribía la dedicatoria, con su mano protegida, le contaba que todos los  domingos empiezo a leer El País Semanal por el final, que después del "gruñón de Marías" me refugio en la chica "maja" que me ofrece su  artículo, a continuación. ¡Rosa Montero! Y, sin embargo, acabo de comprar el libro y me doy la oportunidad de recuperarla como novelista porque, allá por 1990 o 1991, leí Temblor que me pareció una pesadilla y lo abandoné. ¿Por qué hay escritores que te ganan en sus artículos pero no en sus novelas? Ahora que me doy cuenta, allá por 1990 no atravesaba yo un buen momento, sería eso. No estaba yo para "mundos desolados". 

Qué paciencia Rosa, escuchar a cada lector libro en mano, con su rollo...Acababa de leer la primera página, mientras comenzaba la presentación, y me sentía familiarizada con esos cacharritos de cobre que te causaban angustia; sí mi madre también me hablaba del "cardenillo" venenoso y, sí, también en mi casa colgaban de la pared. Adorable, lo que se dice adorable, sincera sí. Gracias por la dedicatoria con estrella.


El peligro de estar cuerda fue una buena lectura, habrá más libros de Rosa Montero en mi caótica estantería. Gracias por el implacable trabajo de documentación y la maestría literaria, con impostora incluida. Alguna mentirijilla tiene que haber.

Las últimas páginas las leí en compañía del covid, solo un catarrazo desagradable, menos mal. Mi cocina estaba tan patas arriba como la de Doris Lessing.

Ya ve, Sor Austringiliana, una buena escritora...y psicóloga.

María Ángeles Merino