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domingo, 26 de octubre de 2025

Mural prehistórico. Miedos y sueños.

 




Ayer, mis pies me llevaron a la orilla, un poco embarrada, del río Arlanzón, pasado el puente de San Pablo y en paralelo al Museo de la Evolución Humana (MEH).

Me salieron al paso los animales prehistóricos de un mural pintado, y un poco esculpido, por un taller de empleo. Son  trabajadores con ilusión, se nota y es de agradecer; aunque sean subvenciones, que todo funciona así, ay señora alcaldesa. 

Por la pintura trampantojo, allí me colé. Veía al elefante de poderosos colmillos, al rinoceronte como un tanque, al fiero león cavernario de dientes como sables. Qué vida tan dura y azarosa la de aquellos hombres y mujeres de la Sierra de Atapuerca, hace miles y miles de años, que lo del Cid es de anteayer.

Despues de un día ocupadísimo en buscar peligrosamente el sustento, la noche no llegaría exenta de miedos. ¿Y si ronda por ahí alguna de esas fieras? ¿Se atreverá a entrar? ¿Saldrá el sol mañana? ¿Se nos acabará la comida? ¿Vivirán nuestros niños?  ¿Qué hacemos con los viejos y los que no pueden seguirnos? ¿Cazaremos algún animal?  ¿Quedarán bayas, frutos, raíces, algo que echarnos a la boca? ¿Y animales muertos? ¿Qué hacemos con esos del otro lado de la sierra que nos levantan la caza?



Ahora, en medio de la noche, nos desvelamos y damos vueltas a la cabeza, no nos faltan miedos, no somos tan distintos al "antecessor" Miguelón, aunque nuestra vida sea más cómoda y no ronde por ahí ningún oso cavernario. 

Y soñar, soñarían. ¿Para qué los sueños, batiburrillo de nuestra actividad cerebral? ¿O hay algo más, señores científicos o señores poetas? No existe un José, como el de la Biblia, que interprete los sueños al faraón. 


Sigo mi paseo, por la orilla del Arlanzón otoñeada. Canta el agua y cantan los pájaros, lo natural nos esponja. Tengo que comprar algo de fruta en el mercado, me paro a hablar con una antigua compañera, esto está cada vez peor. 

El mundo no se acaba, de momento. El "homo heidelbergensis" Miguelón no podía imaginar que todavía quedaban miles y miles de años. 

Ya ve, Sor Austringiliana, miedos y sueños, en otoño. 

Maria Ángeles Merino Moya



https://www.elcorreodeburgos.com/burgos/251009/238336/burgos-estrena-mural-dedicado-prehistoria-orillas-arlanzon.html

https://es.wikipedia.org/wiki/Cr%C3%A1neo_n%C3%BAmero_5

martes, 13 de mayo de 2025

La "playa" de la Merced.

 


Dicen que en Burgos el campo se cuela dentro de la ciudad, el bosque también, añado, frondosa arboleda acompaña al río. Ahí, en la Merced, en los años sesenta pisaba piedras con mis sandalias " cangrejeras" antes de entrar al agua, increíble, bien protegida por un flotador de cámara de Vespa. Cuidado con las corrientes, niña.

Era la playa, había otras río arriba. Poca hierba y reseca, unos pocos árboles junto al pretil. La vegetación de ribera hizo el milagro. Estos días, los árboles meten los pies en remojo. El Arlanzón viene crecido, los recuerdos brotan. Ya asoman los lirios amarillos, aguas limpias dicen.

Nunca nos bañamos en las mismas aguas, dijo un sabio griego. Otro griego insistía en que todo permanece. Los dos tenían razón. 

La estatua del Sagrado Corazón ahí arriba, en la torre, Teología, otra cosa. Sigo andando, tres o cuatro puentes más. Y vuelta. 

Ya ve, Sor Austringiliana, dentro del agua. 

María Ángeles Merino Moya

miércoles, 21 de agosto de 2024

Sí, mis días "en la montaña" son todos.

 En mis paseos, asoman las orillas del río, verde y agua, lo más refrescante, incluso en invierno. Y las manos se me van al móvil, ay este juguetito, luego todo se lo guarda y lo saca a relucir cuando menos lo piensas.

 

Hace dos años así lo titulaba Google y me hizo sonreír. Hoy, Google sigue insistiendo: "un día en la montaña". Y lo recuerda Facebook. Máquinas, criaturas algorítmicas, qué saben las pobrecitas de dónde paso yo el día. ¿O lo saben todo?

Es lo que tiene mi ciudad, el campo entra hasta la cocina y escolta de verde al río, que la peina con raya en medio.

A un lado y otro, la historia nos habla con la lengua del arte, la mas bella y didáctica. Y no obvia las oscuridades, que las hubo y las hay, nos pone alerta. El río sigue su camino, atraviesa la "montaña" y le sirve de espejo 

Y no es pasión de madre, digo de  burgalesa.



Ya ve, Sor Austringiliana, el campo siempre, "un día en la montaña", para él la perra gorda.

https://www.facebook.com/share/p/AYPfDHAGBKCWqvMm/

Maria Ángeles Merino


Mañana voy a Burgos