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martes, 14 de abril de 2026

Soledad no. Solitud.








Soledad no, solitud.

Un paseo de tarde, a 13 de abril. Florecen los Árboles del Amor en el paseo mas escondido del Espolón, mirando agua. No los había visto y pocas veces camino por ahí, pero alguien miraba con una cámara en esa dirección y lo seguí. Una fila de flores rosas en unos árboles débiles, de hace poco, la niña de la calle de la Paloma no los conoce. Se hace la foto.

Al otro lado del Espolón, unos gorriones alborotan en torno a una pizza, se turnan, hay para todos, chicos, después a las tazas que siempre esconden tesoros. Al café no le hacen ascos, lo beben, los he visto, son gorriones de terraza, adaptados al medio. Sonrío  y sigo adelante. 

El banco naranja sigue vacío. Sigo mi querencia.

En la Isla, también florecen los Árboles del Amor, los viejos conocidos, los que tejen la guirnalda rosa al busto que recuerda a Cervantes, en primavera, mientras el de Júpiter espera otra estación. No sabemos cómo era don Miguel, su rostro,pero bueno es que se le recuerde, a ver si anima a alguno a leer el Quijote o las Novelas Ejemplares. No sé yo. 

Un cura joven con sotana y aspecto preconciliar. ¡Madre mía! Lo miro, me mira. 

Me doy la vuelta, no tengo hoy mucha cuerda para andar, me siento a tomar un café en la cafetería que yo llamo "fina", frente a la facultad de Teología. En la mesa de al lado, una pareja comparte amorosamente un trozo de tarta de chocolate, con una sola cuchara. ¿Amor? 

Más allá, dos curas y unas mujeres jóvenes  de aspecto relamido diseccionan un libro que tienen encima de la mesa, una especie de club de lectura religioso, "gente pa to". ¿Teología?

Me quedo todavía un rato, no puedo estar mucho tiempo "papando moscas", como decía mi madre que ahora dice poca cosa. Así que saco el cuaderno donde tomó las notas de la reunión de mi club de lectura. Lo eché al bolso, en lugar de algún libro de poco peso, que suele ser lo habitual. Cojo un lápiz y desentraño lo que yo misma escribí, qué letruja. Lo voy pasando al blog. en el móvil, poco a poco. A "La península de las casas vacías" de David Uclés le sacamos mucho jugo. Literatura, de la buena.

Vamos, a ver si andas un poco más. Hace una tarde buena, ni frío ni calor, así debía ser toda la primavera; pero no, aquí el abrigo no se guarda hasta más allá del cuarenta de mayo. 

Me encuentro gente conocida. "Mientras vas y vienes no falta gente en el camino", es verdad, mamá. Hablamos. 

El banco naranja sigue solitario. 

Algún recadillo y a casa. Un paseo de tarde.

 Soledad no, solitud. 

María Ángeles Merino Moya

martes, 21 de enero de 2025

Santa Teresa se confiesa












Llovía. 

Esta tarde, hemos celebrado y disfrutado la cuarta  sesión, en formato presencial, del Club de lectura de La Acequia y Alumni UBU, dirigido por Pedro Ojeda Escudero. 

El comentario ha girado en torno a  un clásico: "Libro de la vida" de Santa Teresa de Jesús. Un libro escrito con el condicionante de ser un mandato del confesor, una "confesion" según el modelo de las "Confesiones" de San Agustín, no una autobiografía sino un relato de la vida espiritual, la vida interior.

 El título nos llevó a confusión, nos rechinaban las palabras de la santa, esperábamos una autobiografía al uso y la mayoría no hemos completado su lectura, necesitábamos las claves que Pedro Ojeda ahora nos ha proporcionado, las propias de una "confesión", algo que no estaba destinado en principio a la publicación. 

A partir de ahora podemos retomar la obra, le damos otra oportunidad. Y si queremos una autobiografía podemos leer "El libro de Las Fundaciones", de la misma autora. 

Una gran mujer y una gran intelectual, de origen judeoconverso, con el estigma y los problemas  que esto suponía, y ávida lectora desde la niñez, en una casa con libros, con padres lectores, algo poco habitual. 

 Leímos y comentamos el famoso texto de la "transverberación", el del ángel que le clava el dardo de fuego en el corazón, bellísimas palabras que nos recuerdan a experiencias placenteras más humanas. Y con la escultura de Bernini, cómo no.  

 Y celebramos muy dulcemente la vuelta de las vacaciones. Ya ve, Sor Austringiliana, no todo han de ser libros.

He tomado notas y, como en ocasiones anteriores, tratare de reflejar, aquí y en el otro  blog "La arañita campeña", el animado e interesante diálogo que mantuvimos  con Pedro Ojeda y los compañeros lectores.

María Ángeles Merino