¡Vaya bayas!
No se acuerdan ya de cuando fueron rosas. Caninas, mosquetas, salvajes, rosas.
En la orilla del río Arlanzón, lucen redondeces naranja y abren el apetito de los pájaros. Son aquellas de los paseos limitados de la pandemia.
Está escrito que pueden ser vitamina y medicina, los escaramujos tapaban, sí, cuando era necesario, astringentes...Existen nombres y nombres, que no falten nombres, malsonantes o biensonantes.
Sigo mi paseo, miro el agua, lo de cada día. Ahora sin prisa. Y me gustaría tener prisa, contradicciones.
Ardillas, niños con papas y jubilados. Voy por el Paseo de la Quinta, algún día cogeré el camino del barrio de Cortes, que ahora pueden los cacaminantes, lo he leído en la prensa local.
¡Vaya bayas! Los profes de lengua no tenemos remedio.
María Ángeles Merino Moya




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