Parece mentira que venga el calor con el frío que hace y el viento que mueve las hojas de mi árbol más cercano. Que sea uno de mayo, que mañana me den permiso para salir pero nena en casa a las diez y que junto a las gotas gordas del coronavirus nos lluevan mensajes de odio. Que gente con dos dedos de frente diga cosas como que el presidente ha matado a los viejos para ahorrarse las pensiones. Que nuestros políticos no cesen su campaña electoral permanente y biliosa mientras el virus sigue matando y sabemos lo que vendrá después.
Nos arrearán desde un lado y desde el otro. Paciencia.
Feliz día de todos los trabajadores.
Ya ve usted, Sor Austringiliana, el día a día de la primavera del coronavirus.