domingo, 8 de noviembre de 2026

Amanecer y domingo de noviembre.

 La luz del amanecer de hoy no pedía permiso y la engañosa foto parecía otorgarle el poder de traspasar vidrio y aluminio. Como en mi habitación de la ciudad es imposible verla, me alegra especialmente que, aquí, me salude sin que yo me levante ni salga a buscarla. 

Un amanecer con traje de domingo, buena paleta de lumbres y nubes moradas, para un 8 de noviembre que, mucho ruido y pocas nueces, luego ha sido de sol soso y poco lucido, velado por las nubes. 

Una temperatura suave y a pasear orilla de la carretera provincial que atraviesa Palacios de Benaver del barrio chico al barrio grande, ya sabéis: tractores, grupos de ciclistas y, de vez en cuando, algún coche. Tractores que iban de faena porque es tiempo de arar y sembrar, las fiestas se santifican así y ya no parece mal a nadie, a la Santa Madre Iglesia en absoluto.

Yo miraba los surcos y recordaba el grandilocuente discurso de la Edad de Oro de don Quijote, dirigido a unos atónitos cabreros, sobre cuando "aún no se había atrevido la pesada reja del corvo arado a abrir ni visitar las entrañas piadosas de nuestra primera madre". 

En aquella lectura colectiva del Quijote,  leíamos: 

"Dichosa edad y siglos dichosos aquéllos a quien los antiguos pusieron nombre de dorados, y no porque en ellos el oro, que en esta nuestra edad de hierro tanto se estima, se alcanzase en aquella venturosa sin fatiga alguna, sino porque entonces los que en ella vivían ignoraban estas dos palabras de tuyo y mío. Eran en aquella santa edad todas las cosas comunes...".

La Edad de Oro se soñó pero no existió  y los que ahora pasan en el tractor ya no usan corvos arados con reja, aunque también visiten las entrañas de la madre tierra, con mejor tecnología y menor fatiga.

Les saludo y me orillo en la carretera, pasan y sigo mi paseo, ahí arriba planea el águila, qué difícil atraparla con la cámara. 

Vuelvo a casa, los gatos párvulos me miran, curiosos. Como no puedo comprar el periódico, lo leo en el móvil, no es lo mismo pero a falta de pan buenas son tortas, se dice. Pan no falta, pasó el panadero a las nueve y media, pan de Las Quintanillas. A ver qué hago de comida, tiendo una lavadora, recojo los cacharros.  La tranquilidad de un domingo, en el pueblo más. 

María Ángeles Merino Moya 

https://aranitacampena.blogspot.com/2011/10/aun-no-se-habia-atrevido-la-pesada-reja.html?m=1

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