Y ahí está la morera centenaria, con prisa por quitarse el vestido, tras la noche con escarcha.
Lejos ya los días de los frutos rojos, el montón de hojas secas, refugio y juego de los gatitos.
El sol en la copa, cae la tarde, a casa que viene la noche. Suena la campana de las monjas.
¿Por qué moreras, morales, siempre junto a las viejas iglesias? ¿Cuál era su magia o su ciencia?
La morera era mayor que tú, mamá. Sí, a ti no te gustaban los pueblos y no te gustaba oír a esa mujer que llamabas la "santera".
5 de noviembre, Palacios de Benaver, dándole vueltas a la cabeza y al Google. Leer, o releer, siempre ayuda. Dejo el móvil en paz.
María Ángeles Merino Moya





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