Google colorea mi foto de azul más azul, en vano, no le gana al azul del cielo de Castilla, el de Burgos en días como ayer. El andamio azul de una de las agujas de la Catedral quiere también competir. Recuerdo un verso que me enseñaron de niña, cito de memoria.
"¿No te he dicho que el azul no has de tocar?
¡Que locura, qué capricho, el Señor se va a enojar!"
Rubén Darío era muy amigo del azul, el color de la belleza. Ya sabes, Google.
Y la niña María Ángeles vio desfilar "cuatrocientos elefantes a la orilla de la mar"
Ayer paseaba por la orilla del río Vena, con casi frío y era un placer. Iba dándole vueltas a un microrrelato que había leído en el libro "Los ojos de los peces" de Rubén Abella, finalista del Nadal en 2009 y excelente narrador.
En la página 46, la lectura del microrrelato "El club" me llevó a a los sentimientos contradictorios que, en ocasiones, nos asaltan y, aunque nos hagan daño con sus peleas, cargamos con ellos. En este momento de mi vida personal, mujer mayor que cuida a una madre muy mayor, lucho con dos que, tal vez, me harían socia de "El secreto Club de los Contradictorios". Leo:
"Una vez al mes se reúne en la carnicería de Onofre Sánchez el secreto Club de los Contradictorios. El presidente es el propio Onofre, en virtud de su dos veces discordante condición de carnicero vegetariano y romanticón misógino. Entre los miembros hay un bombero con vértigo, un socorrista que no sabe nadar, un pastelero diabético, un cura que no cree en Dios, un escritor analfabeto, un médico que siempre está enfermo, un sindicalista rico y un políglota incapaz de entenderse..." (Rubén Abella)
Son microrrelatos para una sonrisa cómplice, a veces un gesto de sorpresa. En cada uno de ellos, en muy pocas líneas, cabe toda una novela, los leemos y probamos a imaginarlas. Los seres humanos somos complicados, nos identificamos con las lecturas que dicen de nuestra complejidad.
Ya ve, Sor Austringiliana, sentimientos que no se ponen de acuerdo. Ponemos música de violines que son muy de sentimientos, Paganini estaría bien.
Ayer, a última hora de la tarde, me instalé en la calle más fría de Burgos, en la calle Valentín Jalón esquina con Avenida del Cid, pertrechada on un libro de microrrelatos y una cero cero. Aire fresquito y sonrisa cómplice, ya os hablaré de "Los ojos de los peces" de Rubén Abella, muy recomendables.
Va a llover, decían, y sí, luego llovió. Me enviaron un guasap:
"Cuatro lados, cuatro para elegir como la rosa de los vientos.
Uno, para ver los tres vacíos que el aire apenas llena.
Un libro y una cerveza.
Una sola mesa Y cuatro lados infinitos cuatro lados.
(Agustín Merino)
Cuatro lados. Llenar el vacío, puede ser...
Ya ve, Sor Austringiliana, en una tarde de calor.
Escuchamos "Aire de Mecano". Oxígeno, nitrógeno y argón, sin forma definida, ni color, aire.
En mi ventana, se abre una rosa, rosita y no sé si de Pitiminí, una flor de agosto. A su lado, nació, no ha mucho, otra que ya sufrió la suerte de aquella de Ronsard.
Y el autor de la foto escribe:
"El hoy y el ayer profetas de lo que será
Y tal vez y solo tal vez solo quedan las lagrimas lo que nunca pudo ser
O sollozos de lo pudo haber sido."
(Agustín Merino)
"Cuidemos desde hoy las rosas de la vida", decía el poeta. Se hará lo que se pueda, monsieur.
Vamos con la rosa rosa.
Ya ve, Sor Austringiliana, dos rosas.
María Ángeles Merino
Mignonne, allons voir si la rose Qui ce matin avoit desclose Sa robe de pourpre au Soleil, A point perdu ceste vesprée Les plis de sa robe pourprée, Et son teint au vostre pareil.
Las ! voyez comme en peu d'espace, Mignonne, elle a dessus la place Las ! las ses beautez laissé cheoir ! Ô vrayment marastre Nature, Puis qu'une telle fleur ne dure Que du matin jusques au soir !
Donc, si vous me croyez, mignonne, Tandis que vostre âge fleuronne En sa plus verte nouveauté, Cueillez, cueillez vostre jeunesse : Comme à ceste fleur la vieillesse Fera ternir vostre beauté.
"Ahora confío en lo que veo" escribe alguien en una pared. Al lado, no sé, un mensaje críptico, para mí ininteligible, con caracteres de los que suelen acompañar a los "grafitis"...
Hace muchos siglos, el sabio Platón nos hablaba de una Caverna y solo sombras de la auténtica realidad. Lo que vemos, lo que podemos ver, solo sombras, qué pena....
No deberíamos confiar pero hay algo ahora que hace confiar al escribiente de la estrecha e inclinada calle Fernando III el Santo, en zona de bares, turistas y peregrinos.
El mensaje, sin duda, posee un sentido que se nos escapa. Está escrito con claridad y buena ortografía, sólo se me ocurre....¿Se os ocurre algo?
A ver, lo digo. Podría ser que el del rotulador haya dejado de consumir "algo" que le enturbiaba la realidad. Podría ser, pasa palabra ...
Ya ve, Sor Austringiliana, confianza. Como música, podemos poner la "Sinfonía del Nuevo Mundo" de Dvorak.
Mi paseo de ayer, por el Paseo de la Quinta, con la "poetastra" María Ángeles.
Recordaba una anecdota de Fernando el Católico, dicen que Isabel le amonestaba yendo de camino: "mira, Fernando, que hasta las flores del campo te dicen que mal vas".
Ya ve, Sor Austringiliana, el arco iris del agua en las fotos no se ve. Me lo decían unas peregrinas. Y yo a jugar con palabras y flores de color malva, achicorias me dicen. Tan mala poeta como botánica.
Ponemos "Música acuática" de Haendel, juguetona y festiva. Y con niños músicos.
Un libro, una galleta y un pajarillo carbonero. A falta de pan, buena es la galletita del café.
El libro muestra señales de vejez, no es el único. Le puse fecha y firma un 7 de julio de 1986. "Un viaje de novios" de Emilia Pardo Bazán, de la editorial Labor, que ya no existe, con un trabajo previo del romanista Mariano Baquero Goyanes, estudioso de doña Emilia y de otros, fallecido dos años antes, no lo sabías, seguro que entonces te daba igual quién prologaba.
En julio de 1986, María Ángeles era una maestra en vacaciones que buscó, seguramente, una novela agradable y de un autor, autora, reverenciado en los manuales de lengua y literatura, especialmente los de Lazaro Carreter para la EGB. Tal vez, se sentaba en un banco del Espolón, a leer, mientras echaba un vistazo a sus sobrinos. ¡Vacaciones hasta septiembre!
¡Qué descanso para tu garganta...y tus nervios, María Ángeles!
"Un viaje de novios! seguramente te gustó, no la recordabas especialmente, ahí se quedó en tu estantería, creo que ahora la has disfrutado más. Prendada del personaje de Lucía, una inocente niña recién casada, pintada con los pinceles atemperados del "naturalismo español", que rabie monsieur Zola.
Una joya de la literatura, moralista tal vez, pero qué trazos y colores en el accidentado viaje, a través de tierras españolas y francesas, con el equipaje del amor y la decepción. De León a Vichy, donde se tomaban las curativas, y malolientes, aguas, pasando por Hendaya, y a la vuelta...
El maravilloso caballero, maguer triste, al que conoce en el tren y el patán de su interesado marido. Y un coro de personajes como Pilar la tísica, menudo ejemplar de cotilla. Conoceremos Bayona, Biarritz, Vichy, como en una guía turística decimonónica, una Francia que fascinaba a los escasos españoles que podían permitirse pasar al otro lado, qué lujo. ¡Qué vocabulario!
Realismo...mejor aún naturalismo frente al romanticismo ya pasado pero resistente. ¿Naturalismo católico?, oui monsieur Zola.
Estoy llegando al final, Lucía volverá a León, mucho más mayor, aunque solo hayan sido unos meses.
Ya ve, Sor Austringiliana, la compañía de un pajarillo carbonero y una buena novela, a ver cómo remata esto doña Emilia. Aconsejable de todas maneras.
Entro en el trampantojo a ver qué pasa.
Uy, madrastra Naturaleza, no parece madre, como proclamó la escritora en otra ocasión.