El Parque de la Isla espera su despertar, aunque para Curro e Irene siempre sea primavera y sus nombres broten aquí y allá, también en el añoso cartel: con el arco romanico de Cerezo que ya no está, el renacentista de Castilfale que permanece, un capitel, asimismo románico, el monumento a Cervantes, la fuente, el parque infantil, la cartela de los leones, las pilas bautismales, el crucero, el pajaro engolosinado con la apetitosa baya roja de tejo y, cómo no, el plano para no perderse.
Curro e Irene no necesitan mapa, los paseantes de las mañanas soleadas de invierno tampoco. Cuidado con los tejos, no solo los jóvenes enamorados. Los pájaros tienen buen cuidado de no ingerir las hojas o las semillas del tejo, muy tóxicas, saben lo que pueden comer. Curro e Irene sabrán..
Espero el autobús. La primavera también.
Ya ve, Sor Austringiliana, esperar.
María Ángeles Merino