domingo, 8 de octubre de 2023

Burgaleses y burgalesas por las ventanas son.

 Ayer, todo el centro de Burgos era "cidiano". Me quedo con el juglar que recitaba a las dos, a pleno sol, en el Arco de Santa María, el Cantar de Mio Cid, cuando ya todos los del cortejo habían desfilado y se había cantado el Himno a Burgos. 






Ya ve, Sor Austringiliana, cada uno tiene una idea de lo medieval y lo cidiano. Tal vez el Museo de Telas Medievales del Monasterio de las Huelgas les hubiera sacado de dudas, vi pocos "pellotes". Conan el bárbaro era demasiado bárbaro para el Cid, Romeo y Julieta más bien renacentistas, los cruzados tal vez, no sé, es difícil no caer en anacronismo. No importa, mira que hay películas de romanos con reloj. A lo nuestro, al Cantar: 


Mío Cid Ruy Díaz          por Burgos entraba, 15
En su compañía,          sesenta pendones llevaba.
Salíanlo a ver          mujeres y varones,2
Burgueses y burguesas          por las ventanas son,
Llorando de los ojos,          ¡tanto sentían el dolor!
De las sus bocas,          todos decían una razón:

¡Dios, qué buen vasallo,          si tuviese buen señor!


Vuelvo a casa. En la calle de la Puebla, la niña de "nuef años" parece atender a un " móvil" y una de las damas luce un bigotito espurio. Lo podéis comprobar en el mural que se pintó, el año pasado, en dicha calle, obra de varios artistas. Lo uno puede ser un guiño a las costumbres actuales, lo otro una gamberrada. Cuidado con la Historia, no sea que de tanto manosearla....

María Ángeles Merino

viernes, 6 de octubre de 2023

La palabra es vida.

 


"Hay vida en el secarral", me escribe mi hermano en un "guasap",  junto a la foto de unas flores bien  amarillas, en lo más árido del páramo de Palacios de Benaver. A ver qué pueden ser, la aplicación Lens sugiere jacobaea, hierba de Santiago  o hierba cana. 

Ayer buscaba, en la biblioteca pública, un libro: La muerte contada por un sapiens a un neandertal que Juan José Millás escribió en diálogo con Juan Luis Arsuaga. repartiéndose la parte literaria y la científica. Como no lo encontraba, pedí ayuda a la bibliotecaria que consultó el ordenador. Estaba prestado, pero la pantalla me ofrecía  otro, con la misma técnica,  anterior y de los mismos autores: La vida contada por un sapiens a un neandertal. 

¡Vida! La vida es más interesante que la muerte, comento. Tampoco estaba en las estanterías, tal vez en el carro de los libros devueltos. Sí, ahí me esperaba, la funcionaria conoce bien su oficio. 

Esta mañana, el libro reposaba junto a mi ventana, junto a las petunias rojas y el episodio nacional de Galdós que me acompaña ahora. 

Abro el libro en compañía del paleontólogo y el novelista, en Guadarrama, en un valle yacimiento neandertal. Es una mañana soleada y allí aguarda la vida, la nuestra y la que vivieron unos neandertales. Arsuaga la disfruta y Millás nos la devuelve en palabras:

"A medida que nombraba a las plantas, las acariciaba suavemente con la yema de los dedos de la mano izquierda, sin dejar de sostener el paraguas con la derecha. Por mi parte, donde antes solo apreciaba un conjunto indiferente de vegetación, ahora, además de gordolobos, escaramujos y amapolas, veía conejitos y chupamieles y lino silvestre, de donde deduje que la palabra, como venía sospechando desde hace tiempo, es un órgano de la visión. De una visión, en este caso ampliada, porque allá donde volvía los ojos, descubría un fulgor insólito. Una simple abeja, con la cabeza hundida en los penetrantes de una flor, devenía en una exhibición biológica extraordinaria." (Página 22 del libro citado abajo). 

"La palabra es un órgano de la visión". Es vida y nos devuelve la vida. En el secarral de Palacios de Benaver, en un valle tectónico de Guadarrama o en cualquier otro paisaje.

"En el principio era la Palabra". 

Ya ve, Sor Austringiliana, también en la Biblia. 

María Ángeles Merino 

La vida contada por un sapiens a un neandertal. Juan José Millás y Juan Luis Arsuaga. Editorial Alfaguara. Septiembre de 2020.


jueves, 5 de octubre de 2023

Ya no hay venenos como los de doña Ágata. ¿O sí, María Oruña?



Ayer, en Círculo Creativo, estuvimos con la escritora María Oruña, autora de novelas negras, antes policíacas. Nos presentó la última, Los inocentes, y pude comprobar que su público la conoce bien y la sigue. La sala se llenó y hubo cola para firmar. Me resultaba desconocida pero disfruté con su exposición. 

 Sobre una intoxicación masiva gira el argumento, con una Valentina valiente, apellidada Redondo, como homenaje a otra escritora, muy popular. Su experiencia de abogada le  ayudó, el mal existe, María lo conoce, lo conocemos. Y qué grande Agatha Christie, estoy de acuerdo. 

Me gustó como se hizo con los asistentes que, al final, intervinieron con  preguntas, algo no muy frecuente en estas presentaciones. Le habían dicho  que, en Burgos, éramos  muy serios, pudo comprobar que no tanto. 

Estoy con otros libros; pero, como aconsejó María Oruña, hay que ser abiertos con las lecturas. 


¿Agatha Christie?  Ya ve, Sor Austringiliana, recordaba mis años de tren, las tardes de domingo, cuando viajaba en el expreso de Hendaya; lo prefería a pegarme el madrugón del lunes, para estar en el colegio a las nueve. Lo pasaba bien, bien provista de lectura. La pequeña librería daba al mismo andén; iba con tiempo para comprar una novela de Ágatha Christie, de aquellas de la editorial Molino. Leí casi todas. 

El viaje se me hacía corto leyendo, aunque confieso que los crímenes no me interesaban demasiado, lo que espoleaba mi imaginación era la pintura de la sociedad inglesa de la primera mitad del XX, en un pueblecito de la campiña, con casitas y muchas flores, tan "british". 

Alguna vez he dicho que me hubiera gustado vivir, una temporada,  en Saint Mary Mead, con Miss Marple. Saludaría cada mañana a la sagaz viejecita, al meticuloso detective Poirot, al viejo y despótico coronel de la India, a la mujer del vicario con sus tazas de té, a la señorita de compañía tan inocentona e infeliz, a la anciana con traje de tweed encorvada sobre los rosales, al inspector de policia que no acertaba nunca con el asesino, al juez jubilado... Lo de menos, los crímenes. Lo de más, un viaje de la imaginación.

María Oruña preguntó que si habíamos leído la vida de Ágatha Christie, que era una "chulada". Sí, también la leí. Me puse, como la joven Agatha, el uniforme y preparé fórmulas magistrales en la farmacia del hospital, con cuidado porque unos miligramos más podían ser letales. Era la primera guerra mundial, llegaban heridos del frente, no daba abasto. Me monté la película. 

Ya no hay venenos como los de doña Ágata. ¿O sí, María Oruña? Una intoxicación masiva ...

María Ángeles Merino

https://es.wikipedia.org/wiki/Mar%C3%ADa_Oru%C3%B1a

lunes, 2 de octubre de 2023

Colores de octubre, con un poco del Quijote.


 Entra el señor Octubre en mi ventana, con el azul de las viejas campanulas y el fucsia del joven ciclamen. Cada una de mis macetas me cuenta su  minúscula historia y conoce la mía. Afuera los tilos esperan el momento de otoñear de verdad, San Miguel les tiene despistados, no saben qué ropa ponerse, como yo. 

El Google, como otras veces, enmienda los colores de la foto, me ofrece una imagen maquillada, "estilizada" según su jerga. No le convencen los de la cámara de mi móvil, quieren añadir un poco más de irrealidad. Me asomo a la ventana de nuevo para ver y comprobar los tonos de los de verdad.

Esta mañana retomo el Quijote y la cinta me conduce junto a la enamoradiza Altisidora que requiebra a don Quijote con unos versillos falsos y osados, qué atrevimiento rivalizar con Dulcinea. 

Y al viejo hidalgo solo se le ocurre que cosa y labre, que todo es fruto de la peligrosa ociosidad femenina. Ya sabes, Altisidora, dale a la aguja y descansa tu cabecita.

 Tiempo atrás, don Quijote hubiera saltado como un resorte. Ya no puede con su alma, se retira a su aposento y le tienen preparada la broma de los cencerros y los gatos. Necesita cinco días de cama para recuperarse de los arañazos de un gato malandrín, le aplican costoso aceite de Aparicio en sus castigadas narices y sobrevivirá al mal y al remedio; que los microbios sucumbian ante las defensas de un cincuenton de antaño que, a esa edad, habrían lidiado con numerosas infecciones y se las sabían todas. A los duques y sus secuaces se les ha ido la mano, el viejo hidalgo podía habérseles muerto. 

 Mientras don Quijote se repone, voy con un  Sancho al que torturan con la vista de apetitosa comida que le prohíben comer. 

Busco en Google qué composición tenía el aceite de Aparicio, valiente mejunje, con lombrices y todo. Los microbios en su salsa. 

Ya ve, Sor Austringiliana, cierro mi Quijote y vuelvo a la ventana a comprobar que los malandrines no han metamorfoseado los colores de las flores y de los tilos. El mundo virtual puede ser tan falso como la corte de los duques. 

Y el mundo real ¿no puede ser también, en ocasiones, tan engañoso como aquella? Y gastar bromas pesadas.  

María Ángeles Merino

https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte2/cap44/cap44_03.htm

https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte2/cap46/cap46_02.htm

domingo, 1 de octubre de 2023

Las piedras piden ser luna

 


Beso en la noche

Las piedras piden ser luna y la luna llora por no dormir en tus almenas.

Tantos besos que no fueron, tantos besos que solo alcanzaron a ser piedra.

(Agustín Merino, Frías, luna llena, guardia de enfermería)

viernes, 29 de septiembre de 2023

Pintando al Cid


 En el Espolón, un joven pintor ilustra la puerta de un establecimiento hostelero con la imagen de un Cid. Pronto va a celebrarse el Burgos Cidiano, festival histórico artístico, y se están preparando algunos escaparates. 



 Digo un Cid, no el Cid, porque con Rodrigo Díaz de Vivar se han fabricado unos cuantos.

El Cid histórico, el del Cantar de Mio Cid, el de los romances, el de las leyendas, el de Corneille,  el romántico, el de Manuel Machado, el de Menéndez Pidal, el de Charlon Heston, el manoseado por el franquismo, el de Pérez Reverte y qué sé yo cuántos más. 

¿Dechado de virtudes cristianas y caballerescas o mercenario a sueldo del que mejor pague?

Desde luego, una figura de la que se ha dado, según cuadraba,  la imagen que convenía, adaptándolo, pintando un Cid como el muchacho de la foto, con sus rotuladores. 

Que cada uno pinte como quiera a Rodrigo Díaz de Vivar, es literatura, además de historia. Y , en Burgos, que disfruten de los días cidianos, también del consabido mercadillo medieval; pero tengan en cuenta que el Cid nunca comió chocolate. 

Ya ve, Sor Austringiliana, la historia es de quien la cuenta. De mis dos abuelas, la de Riocerezo aseguraba que el Cid era familia nuestra porque uno de nuestros apellidos es Rodrigo, la de Córdoba me lo desmentía porque, según le habían enseñado, el Cid no había existido nunca. 

Y yo jugaba con un cofrecito donde alternaba piedras de caramelo con monedas de chocolate. 

Y cada día pasaba delante de la estatua del Cid al ir al colegio, a caballo y señalando con su espada. En las lecturas de la escuela, prefería al Cid que se despide de Burgos "fuertemente llorando" y  escucha conmovido  a  la niña de nueve años. No el que engaña a los judíos rellenando un cofre con piedras y arena. En las del instituto, me echaba para atrás aquello de "feridlos caballeros por amor del Criador". 

Porque, como escribió Azorín, en Burgos la leyenda contrabalancea a la historia. O era al revés. 

Al final, sus huesos se dispersaron, no sabemos quién duerme bajo el cimborrio de la catedral de Burgos. O de quién es el hueso radio que exhiben en el Arco de Santa María. Descanse en paz. 

María Ángeles Merino

https://aranitacampena.bogspot.com/2017/08/en-el-cid-la-leyenda-contrabalancea-la.html

martes, 26 de septiembre de 2023

Como gallos de pelea






Como gallos de pelea andan los políticos, hace ya tiempo. Siempre hubo crispación, pero ahora se han cruzado líneas. 

Mi hermano, Agustín Merino, los pintó así,  a los gallos digo, recordando a los de Ignacio del Río; un pintor burgalés al que, no hace tanto, siempre pedían gallos. Tenía mal carácter, dicen, como sus gallos.

Las flores se quedan encima de la mesa. No hay flores en política. 

Hoy lo de Feijoo. No, Sor Austringiliana, Fray Benito Jerónimo no, ese era fraile y  escritor del XVIII y los manuales nos contaban poco de él, es mala suerte nacer en un siglo didáctico y poco atractivo.  Al que tratamos ahora, se ponga como se ponga, no le pongo la tilde; las reglas son las reglas, aunque sean de humilde ortografía. No escribe, que yo sepa, solo los discursos, con ayuda del vecino, como es habitual en los de su oficio. 

María Ángeles Merino va y habla de política, a quién se le ocurre.

Agustín Merino  pintó unos gallos de pelea,  con óleo y rasqueta. 

https://es.wikipedia.org/wiki/Benito_Jer%C3%B3nimo_Feijoo