domingo, 25 de octubre de 2026

Veinticuatro de octubre, de la escarcha a la luna llena.



Veinticuatro de octubre, un día en mi refugio de Palacios de Benaver (Burgos), de la escarcha de la mañana a la luna llena llena. Por obras, he cambiado el paseo de la Isla y la Quinta por la orilla de la carretera.



 Silencio, algún tractor, ciclistas, pocos coches y a ver si veo a mis amigos los corzos que no se fían de los de dos patas, son listos.

Suena la campana del monasterio que pronto ya no sonará y salen, o entran, de la iglesia los huéspedes de las monjas. El de negro será el cura, muy amable. 

A las nueve y veinte llega el panadero, compro el pan, a casa a su bolsa. Echo a andar y saludo a todo el que se cruza conmigo. Pego un poco la hebra con alguna mujer, hablamos más...

El campo se prepara para un nuevo ciclo y las hojas amarillean. El águila planea sobre el cerro, vuela rápido pajarillo que te coge, se pone en acción la algarabía pajarera, después se instalan en los cables, como las notas de un pentagrama. Mi sol si re fa. 


Eolo mueve los brazos de los nuevos molinos, le ganarían al mismísimo gigante Briareo, son muchos y brotan por todas partes, don Quijote se estrellaría inevitablemente. 

Los árboles de la carretera muestran achaques de vejez, pero aguantan en pie, no son los únicos, ya no llevan aquellas fajas blancas. Mi cámara no atrapa la lluvia de hojas, me lleva la contraria.

A casa, hay cosas que hacer... 

¿Poner la television? Mamá, tú tenías trece años cuando estalló la locura de la guerra civil. Nunca opinabas, te metieron el miedo en el cuerpo. Me contabas lo del "Campesino" con el abuelo. No te gustaría ver lo que sale ahora. 

La paz de un pequeño pueblo. 

Los gatos son de todos los colores y algunos mezclados. A veces los veo reñir. 

María Ángeles Merino Moya



No hay comentarios:

Publicar un comentario