domingo, 29 de marzo de 2026

Por ahí viene, por el callejón de mi infancia: Jesús montado en una borriquilla.

 





Por ahí viene, por el callejón de mi infancia.

Montado Jesús  en una borriquilla. Me contaban que lo recibieron con palmas y "hosannas', para luego azotarlo y matarlo, clavado en una cruz.

 Era el relato de la falsedad y la traición, no pensábamos en ello, de críos, al salir el domingo de Ramos, agitando ramitos de palma trenzada, con rosquillas y caramelos bailones. "Hosanna el que viene en nombre del Señor", nosotros no te traicionaremos, Jesús, tal vez pensábamos en nuestra ingenua fe. Fe que se cayó. 

No se puede pasar. Hay que esperar hasta que termine la procesión: curas y cofrades todavía sin capirote,  bandas de música, tambores y trompetas, bum bum, tararí tararí, los niños se impacientan, súbeme papá, cuándo viene la borriquilla, ahí viene, las autoridades desfilan circunspectas, hace frío, el policía  retira la valla y rompan filas. 

Sentimientos cristianos sinceros, muchos grados de fe o de no fe, seguir las costumbres, recordar la infancia, postureo, sugestión, entretenerte o entretener a los niños, es un espectáculo gratis... Daría, para un extenso tratado el porqué la gente asiste, a pie firme, a las procesiones de Semana Santa.

Los que van dentro de la procesión, cofrades o sacerdotes, eso es harina de otro costal, con la Iglesia damos y...

Respetar, respeto. "Cosas que nos chirrían", como comentaba una vieja amiga, a mi lado. O, en el lado opuesto, un compañero, profesor de Biología, que me aseguraba: " mientras más sé más creo". 

Ya veis, 29 de marzo, Domingo de,Ramos. Y "quien no estrena el Domingo de Ramos, ni tiene pies ni tiene manos". Por lo menos, unos calcetines. 

El callejón de mi infancia. 

María Ángeles Merino Moya

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