El sábado el viento rugía y tiraba remitas, ramas y algún árbol de cuajo, al aire sus raíces. Los bomberos alertaban a los paseantes, "no ve señora", y los policías encintaron entradas y salidas. Los mayorcitos obedecíamos, las parejas jóvenes con niño, como si no fuera con ellos. Los boomers aprendimos a obedecer, literal.
El viento barría las nubes, qué cielo más azul, limpiaría el aire.
Las palabras airadas no, no se borran nunca del todo, dejan su poso, no se van, hacen daño.
El agua habrá anegado los almendros en flor.
La tierra no admite tanta agua. los ríos se hinchan y se desbordan, ya no vuelven a su cauce, como algunas palabras, como alguna amistad vieja.
Nunca nos bañamos dos veces en el mismo río o todo permanece en el río, cosas de griegos antiguos, antes de Cristo, con tiempo para pensar.
Agua, aire, palabras airadas, febrero loco.
Ya veis, ataques de sinceridad, nunca más.
María Ángeles Merino Moya



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